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Archive for 6 septiembre 2011


Hay muchas razones para hacer un artículo hablando sobre esta serie y, para bien o para mal, no todos son relativos a la serie en si misma. Aquellos que navegan con frecuencia por internet se habrán cruzado, casi seguro, de alguna manera u otra  con alguna referencia al programa y probablemente seas conscientes de que de un tiempo a esta parte se ha formado cierto revuelo mediático, especialmente por la red y en USA en algunos canales generalistas. En esta serie de 3  artículos  intentaré exponer tanto mi opinión sobre el show como, los que creo, son algunas de las razones y síntomas detrás del seguimiento que ha despertado. Sin más dilación, empecemos a hablar del origen de todo esto:

LA SERIE

Lo primero que sorprende es que de una franquicia tan marcadamente femenina, infantil, cursi y alienada como es la archiconocicda  “My little pony” haya surgido una serie capaz de focalizar tanta atención y buenas críticas. No voy a entrar en analizar los orígenes de la marca ni sus características porque creo que son más o menos conocidas y tampoco vienen demasiado al caso. Una simple imagen basta para comprobar a primera vista las diferencias entre esta serie y sus predecesoras.

Ejemplo gráfico de como una purga de azúcar puede mejorar una serie

Como puede apreciarse, el estilo de dibujo ha cambiado a uno mucho más sencillo y colorista. A poco que uno vea algunos minutos, puede apreciar que el diseño y la animación son dinámicos y expresivos, lo cual creo que ha contribuido a posteriori a la miríada de imágenes, gifs y demás que se ha desatado en torno a sus personajes. Si tuviera que definirla en una sola palabra seria que es “simpática” (o nice, que dirían los angloparlantes) Pero ¡siguen siendo ponis con dibujitos en el culo! ¿Por qué demonios la serie tiene tantos fans?

En mi opinión, esta serie pertenece a la misma categoría en la que podríamos clasificar a otras como “Bob Esponja”, “Phineas y Ferb”, “Dave el Bárbaro” o casi cualquiera de Cartoon Network (por citar unas pocas) enfocadas, como es lógico, a un público preferentemente infantil-adolescente pero que cuentan con un sentido del humor que no conoce de edades. La razón puede recaer en su principal responsable creativa: Lauren Faust, responsable de otras series como “Las Supernenas”,”Foster, la casa de los amigos imaginarios” o ” Codigo: KND”.

La propia Faust explica que cuando le propusieron participar en la serie tuvo sus recelos. La franquicia nunca le había atraído especialmente por considerarla estereotipada y alienada, quizás por eso mismo sus esfuerzos se dirigieron a crear un producto diferente y que fuese disfrutable tanto por las niñas como por los padres que tuvieran que aguantar la serie que su pequeña se encapricharía en ver. Este es un rasgo que Friendship is magic comparte, no solo con las series antes mencionadas, sino con otras obras de la gran pantalla como  pueden ser las películas de animación de Pixar o Dreamworks: la consideración de que un producto “para todos los públicos” no tiene que ser estúpido o infantiloide. Aprovecho para decir que esta clase de animación es, en cierta forma, un privilegio con el que contamos nuestra generación y que también es extrapolable a otros medios dirigidos en sus orígenes a los más pequeños como pueden ser los videojuegos o los comics (aunque ciertamente este último sufrió una sofisticación décadas antes de que naciéramos).

¿Qué se puede esperar entonces de esta serie? Pues lo dicho: ni más ni menos que una buena serie de animación apta para todas las edades. Su gran acierto es no masticar en ningún momento más de lo que puede tragar. La ya mencionada expresividad de los personajes, la acción dinámica, el humor simple pero no idiota, congruencia con su propio contexto y un detallismo muy de agradecer son sus principales virtudes. En todo momento ofrece un producto muy simpático, pero siempre manteniéndose dentro de sus límites (por ejemplo: los personajes nunca reciben un daño físico real). Pero sobre todo: en ningún momento sentirás que están insultado la inteligencia del espectador.

¿Merece la pena verla? Si me preguntas a mí, desde luego si disfrutas de los dibujos para todos los públicos no encontrarás en esta serie ningún motivo por el que no debieras verla. Obviamente, puedes tener preferencia por otras series o directamente puede que no te agraden las series de animación, pero creo que la obra en si misma tiene pocos puntos negativos.

No es “Lost”, no es “Los Soprano”, no es “Fringe”. Sencillamente es un show con el que puedes disfrutar de un rato divertido y que probablemente te muestre que no hay franquicia mala, sino malos enfoques. Mi consejo es que no os dejéis llevar por opiniones externas que la vilipendien o  la vanaglorien como  la panacea. Tanto si crees que la serie no es para tanto como si crees que te va a gustar busca cualquier capitulo en youtube y júzgala por ti mismo. De hecho animo a los lectores a que lo hagan y compartan sus opiniones en blog.

Eso si, conviene apuntar que los dos primeros capítulos, que sirven de introducción, no se adaptan demasiado a lo anteriormente descrito, contando una historia en la que interviene la sempiterna profecía de un antiguo mal a punto de resurgir y la búsqueda los llamados “elementos de la armonía” (sic) que (¡Oh sorpresa!) están encarnados en las protagonistas de la serie.

Notareis que no he hecho ninguna referencia a los personajes protagonistas, el trasfondo o el argumento de la serie en si misma. Se debe a que estos artículos no se limitaran al propio programa, sino también a su cobertura y repercusión; además estas cosas podéis encontrarla fácilmente a poco que busquéis en Internet y no veo adecuado detenernos en ella.

No quisiera terminar este artículo sin recomendaros una curiosidad: un artículo donde se critica a la serie y la respuesta que la propia Lauren Faust da a dicha reseña. Si manejais la lengua de Alan Moore (¡que te follen Shakespeare!) es bastante interesante leer al creador de una obre responde directamente a una critica de la misa:
– Artículo ” My Little Homophobic, Racist, Smart-Shaming Pony” http://msmagazine.com/blog/blog/2010/12/09/my-little-homophobic-racist-smarts-shaming-pony/

– Artículo de Lauren Faust “My Little NON-Homophobic, NON-Racist, NON-Smart-Shaming Pony: A Rebuttal”  http://msmagazine.com/blog/blog/2010/12/24/my-little-non-homophobic-non-racist-non-smart-shaming-pony-a-rebuttal/

En la próxima entrega os hablaremos de… ¡los bronies! (Y no, no de esos rellenos de yerbajos raros precisamente)

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Darte cuenta de que estás en uno de los lugares más frecuentados de Sevilla haciendo botellón con Martini con hielo y vaso de cristal te hace asumir que tus buenos años hace tiempo que se fueron.

Y precisamente en torno a esta reflexión surgió la idea de este post. Aclaro la idea. Si a todos nuestros queridos, adorados, y en el 90% de los casos conocidos lectores, les hicieramos una encuesta acerca de si beben o no, o responden que sí o mienten sin ningún tipo de piedad. Quiero ver yo aquí al guapo que me diga que no usa como excusa “es que es fin de semana” para meterse entre pecho y espalda una botella con alcohol de dudosa calidad. Yo debo reconocer que no usaría el fin de semana como excusa. Me da lo mismo que sea sábado o martes. Pero no voy a meterme por esos derroteros, la idea que impulsó este artículo es que todo borracho tiene su origen, y voy a intentar reflejar las etapas por las que pasa con la mayor coherencia posible – y siempre con la experiencia propia como base -.

Procedamos.

De 0 a 12 años: A todos nos daban un culito de champán nuestros padres en fin de año. Los pobres incautos no podían imaginar que  en ese inocente sorbo estaba la semilla de una futura y peligrosa afición a los cubatas.

De 12 a 16 años: Los hay que empiezan un poco antes, los hay que empiezan un poco después, pero la realidad es que en este rango de edad se produce el primer y tímido ataque al órgano hepático. Durante esta etapa se recurre al socorrido ciego tempranero, es decir, quedar con tus colegas a una hora comprendida entre las 6 y las 8 de la tarde, porque en el mejor de los casos tienes que estar a la 1 a.m. en tu casa, y como alguno de tus progenitores te detecte el brillito del alcohol en las cuencas oculares te puede caer la de Dios. Por supuesto, durante esta época, quizá por el poco crítico ejemplo que tomas de tus mayores, le tienes el suficiente respeto al alcohol como para ahorrar durante la semana y comprar botellas de calidad mínimamente aceptable – J&B, Negrita, y Malibú con Piña en el caso de las chicas.

De 16 a 18 años: Cuando estás al borde de la mayoría de edad te crees que te comes el mundo. Esta edad es especialmente importante porque supone la primera toma de contacto – suponiendo que no te haya dado por tirar tu vida por la borda con unos años de antelación – con el amplio mundo de drogas que suele acompañar al consumo masivo e irresponsable de alcohol. Seamos sinceros, a no ser que dediques tu vida a la oración o que decidas orientar tus pasos por el ridículo mundo del “straight-edge” – ni bebo, ni me drogo, ni follo sin que me digan que me quieren -, esta edad suele ser el pasó a la Primera División del comportamiento acabado. Como mínimo estrenas tus pulmones con hierba o hachís – aunque este caso concreto suele tener un debut bastante precoz -, pero no serán pocos los que empiezan a tontear con las drogas de diseño. En cuanto al alcohol, en un vano intento por aparentar más edad de la que se tiene dedicas una cantidad insultante de dinero en comprar primeras marcas, siendo en este caso Jack Daniel’s, Brugal y Absolut unos compañeros de borrachera acojonantes. Sobra decir que aquí se produce el primer acercamiento a las únicas bebidas que te acompañarán el resto de tus días: la cerveza y el tinto.

De 18 a 25 años: Repasemos. Llegados a este punto llevas una media de 8 a 10 años bebiendo. Las primeras borracheras, intoxicaciones y comas quedaron atrás, y hace tiempo que dejaste de buscar el lujo en beneficio de la efectividad y el ahorro – papá y mamá te han cortado el grifo y a no ser que encuentres un trabajo vives de las sobras -. Es precisamente durante estos años cuando se descubre el maravilloso mundo del que a partir de ahora llamaremos “alcohol de mierda”. Los supermercados de tu barrio descubren ante ti el peligroso abanico de posibilidades que ofrece el alcohol barato. Y Mercadona y Carrefour se convierten en tus principales aliados. John Cor, Almirante, Disscount, Loch Castle, Knebep, Yacaré… Da igual si te gusta el whisky, el ron o la ginebra, si sabes dónde buscar tendrás un bonito y efectivo botellón en el que apenas tedrás que invertir 5€. Además, con la llegada o proximidad del primer cuarto de siglo se hace la primera gran escisión en el universo del bebercio: litrona en el parque o caña en el bar. No son dos opciones necesariamente incompatibles, pero la preferencia por una u otra opción depende en gran medida de la disponibilidad económica del borracho en cuestión.

Hasta aquí llega esta primera reflexión sobre todo lo que nos metemos entre pecho y espalda según la edad que tengamos. En la próxima – y última – parte del artículo detallaré la evolución definitiva que sufre el aficionado a las bebidas espirituosas, y quizá la más temida por todos:

El Pureta.

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Hamijos míos, me complace decir, que por fín hemos entrado en Septiembre.

No compañeros, no estoy loco ni contrato a abogados pájaro para que me defiendan en los juicios (toma chiste freak…)

Lo único que me ocurre es que ODIO el calor.

A veces creo que el sol se ríe de mi al más puro estilo Sr. Burns...

Septiembre es la puerta de entrada de toda una avalancha de terribles sucesos que alterarán sin piedad alguna nuestro estado de ánimo hasta dejarlo hecho una necropapilla, pues comenzarán las clases, terminan las vacaciones, las minifaldas se irán convirtiendo paulatinamente en largos pantalones y los escotes ascenderán lentamente hasta el cuello,  se acaban los días de vagancia, volverá el estrés y por desgrcia volverá el salir sólo los fines de semana.

Sin embargo, para mi gozo, también es el inicio de una mágica escala exponencial de frío que azotará impíamente a todos los mortales. Magnífico y sublime frío.

Atrás quedará andar en calzoncillos y seguir teniendo calor. Atrás quedará mirar hacia el sol gritando ¿¡Por quEEeeEeEeEe!?. Atrás quedaron los litros de cerveza calientes, beber cubatas con hielo, el tener que esconder tu almacén de víveres (algunos la llaman barriguita cervecera) cuando estás en bañador, y sobre todo… se acabará el estar tirado en la cama por la noche rogando a Chtulhu que ascienda pronto de las profundidades para comerse tu alma, pues nadie conseguiría dormir con tal explosión de agónico calor.

No estoy gordito... ¡Son provisiones para el invierno mentecatos!

Por fín queridos y queridas, veo el fín del calor y la llegada de mi amado frío. Septiembre comienza con el mejor de los presagios, frío otoñal y lluvia.

Ideal para quedarse en casa bebiendo vino observando por la ventana a los pobres desgraciados que creyeron que por ser aún verano se podía ir en manga corta. También es buena idea quedar con la chorbi para echar un kiki, pero los menos privilegiados nos contentamos con el vino ¡Que está más al alcance de todos!

Hamij@s, que viva el frío, coño.

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