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Archive for 24 enero 2012


Jugaría mi cuello a que en tu redes sociales las tienes; salvo que seas una persona con un círculo selecto y bien cerrado. Hoy quiero hablar de un grupo social inepto para la sociedad si no fuera por sus actos, lo que les hace convertirse en una Attention Whore.

Hace unos años atrás estas eran personas con bastantes complejos, horteras sin remedio y básicamente desecho de virtudes: mierda del montón. Pero entonces llegó la salvaje pubertad y algo las alteró, se convirtieron en una parodia del modernismo y empezaron a llamar la atención.
Las reconocerás por hacer público su libertinaje sexual, ya sea con frases contundentes en sus malditos estados o mostrando fotos en planos artísticos (¡ja!) las cuales estan a una zancadilla de convertirse en una jailbait.
Tambien las puedes reconocer por sus gustos musicales. Ahora mismo es el dubstep, ya que los gustos son acordes a los tiempos que corren; la que antes era la mas rapera del lugar ahora es la mas hardcoreta dubstepniana con 14 septums repartidos por el cuerpo.
Siento un profundo odio hacia este tipo de chavala moderna. No a todas claro está, hay a quien se le ve el plumero a leguas y solo te entran ganas de escupirles la bilis.
Así que porfavor, si lees esto y te identificas, un consejo: Cómprate un libro de Coelho y sigue buscando el amor.

Que os follen, de corazón.

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Siendo ésta época de “Pajas del Estudiante”, qué mejor momento para volver a deslumbraros con mi inconmesurable sabiduría masturbatoria.

Como dice Manolo Kabezabolo ¡Ya era ora!

LOS TIPOS DE PAJAS IV

La “Pajus Interruptus”

Por desgracia, no todos hemos podido disfrutar de un cuarto propio con pestillo en el que explorar el amado y placentero rincón especial de nuestro cuerpo, por lo que tarde o temprano siempre ha sido inevitable que algún intruso indeseado, generalmente un familiar, interrumpa nuestra sesión amatoria. Este momento marca un antes y un después en tu vida… Tus padres sabrán que te has hecho mayor, tu descubrirás una sensación de verguenza que te crees que no podría existir y, en definitiva, te quedas con todo el cuerpo cortao, ¡que luego no hay quien siga!

Mamá... cierra la puerta para que pueda suicidarme tranquilo tras éste altercado

La paja “Clásica”

Aunque lo parezca, no me refiero a hacerse una paja con un bombín y chaqué. Hay algunos puristas de la fricción que no han entrado en las nuevas tecnologías o en enfermedades varias. Hubo un momento en el que todo era más fácil. Tiempos más sencillos, donde el hombre agarraba la revista que tenía guardada en la caja de zapatos y se daba un homenaje para quedarse tan pancho. Amigo mío, si tú eres de esos que se la casca como un señor, eres una de esas personas que aún merece la pena en el mundo.

La paja “Premium”

Sacada de la sabiduría de un gran amigo, la paja “premium” requiere de ciertos materiales que no están al alcance de todos. Para llevarla a cabo debes poseer una fémina que reuna las siguientes condiciones

A) Quiera acostarse contigo

B) Esté lo suficientemente borracha para acostarse contigo

C) Esté atada y amordazada (no es recomendable, pero igualmente válida)

Una vez poseas la fémina, debes acariciar sutilmente su fruto prohibido, su zona chachi piruli, la cavidad de la diversión, o como a mi me gusta llamarlo, “Éstacavernasiquemolaynoladeplatón”. Continúa así hasta que tu apéndice prénsil haya absorvido todo el penetrante olor que emana dicho lugar.

Cuando hayas logrado que tu mano parezca la de un pescador, puedes proceder a masturbarte cómodamente, oliendo a intervalos regulares los efluvios que emanan de la fricción. Se trata de una paja sumamente elaborada, sólo apta para niveles expertos. Los amateurs deberían simplemente tirarse a la chica, que tiene menos mérito.

La paja “Retrospecter”

Amigos, la mente humana es caprichosa, y en cualquier momento puede jugarte una mala pasada. Hay veces que, viene a tu memoria un recuerdo excitante de antaño, que hace que tu poderoso mástil se alce impetuoso buscando las caricias que solo tu sabes darle. Los problemas vienen cuando ésto se produce en el centro comercial o hablando con tu abuela, que se hace difícil aliviar la presión sanguínea…

La paja “Furia salvaje”

“Aunque te estoy sonriendo ahora mismo, en mi mente te he follado 100 veces”. Y en cuanto llegas a tu casa, llega la necesaria paja “Furia salvaje”. No creo que sea necesario especificar más.

El momento exacto en el que liberas el líquido elemento te hace sentir que TU tienes el poder

La paja “Pues si ellos lo hacen, yo también”

Todos hemos tenido un vecino, compañero de piso o visitante ocasional en la habitación contigua que ha tenido la suerte de yacer con una dama una noche en la que tu lo más cerca que estuviste de pillar cacho fue coger un trozo de tortilla. En la soledad de la noche hay veces que los sonidos provenientes de lugares más felices te hacen recordar lo que, por degracia tu no estás haciendo… pero, siendo una persona positiva, a la muchacha la estás escuchando y con un poco de imaginación hasta te la estás trajinando… así que, manos a la obra.

Sin más que añadir, os dejo por ahora. La próxima entrega será la última, pero prometo, amigos de lo pajizo, que os encantará.

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La sonrisa de Don Manuel no le inspiraba mucha confianza, ese gesto le recordó a la Josefina tiempo atrás; sabía que algo le estaba ocultando.

– Primero ponte el anillo Pedro, una vez que te lo coloques eres uno más. Pero bueno, eso ya te lo han explicado antes. Vamos, que el tiempo es oro.

– ¡Ehto no entra! – Decía Pedro mientras se estrangulaba el dedo índice intentando ponerse el anillo. – ¡La víhen! Yo me cagon…

Don Manuel miraba con asombro como el cateto maldecía y empujaba el anillo hacia abajo sin conseguir resultados, era todo un espectáculo. Al cabo de los 10 minutos Pedro se lo pudo colocar en el meñique, ¿como le podía llevar tanto tiempo a una persona caer en cuenta de ello?

– Yo no zé pa quien estaba penzao este anillo, vaya dedos mah inútiles par campo. Zi es que la hente de ciudá… ojj No valéis pa nah cohone. Yo llego a nacé fuera de mih tierra y… – Pedro se calló al ver a Don Manuel llevándose las manos a la cabeza mirando al suelo – ¿Te paza argo Maestro?

– Me está entrando dolor de cabeza solo de escucharte Pedro. Por lo que mas quieras, abre el sobre de una vez y lee el contenido. Perder el tiempo así es un lujo que no nos podemos permitir.

A regañadientes, Pedro, abrió el sobre. Se encontró una foto con un mensaje detrás, el cual decía: “Nosotros apostamos por un mundo mejor, lleno de sabiduría y moral. Como todo iniciado debes de demostrar tu valía. Libéralas”. Giró la foto, salía un gran cartel: Reserva del cuero.

– De ahí salen la mayoría de los grandes toros de la historia del toreo Pedro. Son jóvenes, vaquillas pequeñas que no suponen peligro alguno. Esa es tu misión, abrirles el cerco y dejarlas en libertad.

– Pero Don Manué, ezo me pareze a mi que a una gran figura der toreo como eh usté tambien le perhudica, ¿noh? – Un torero queriendo liberar toros, no cuadraba.

– Pedro, ahora las preguntas sobran. Grandes cambios acontecen. Tú limítate a hacer lo que se te pide y luego ya vendran las respuestas. – Le espetó.

Hiodeputa, pensó Pedro.

– Vamos Pedro, te acerco. Pero recuerda, discreción y seriedad. Si en algún momento te surge un problema solo tienes que pulsar el anillo, eso nos dará una señal GPS para que te podamos localizar.

– ¿Gepeké?

– Nada, Pedro. Tu solo entra y haz tu labor. El resto ya lo hacemos nosotros.

Llegaron al lugar bien entrada la tarde, apenas se veía.  Don Manuel le hizo el gesto de que bajara del coche y se colara en el recinto. “Te espero mas adelante”, dijo.

Pisó unos cuantos zurullos hasta llegar a la barrera. Prendió la linterna y fué campo a través en búsqueda de las vaquillas, no deberían de andar muy lejos. Sobre esta hora dormirán placidamente.

– Güeno, por lo menoh estoy en er campo. Que ziempre ze echa de menoh – Decía Pedro a sí mismo mientras paseaba en la oscuridad.

Escuchó a sus espaldas movimiento, por lo que se giró a ver si había dado ya con las vaquillas. Y acertó. Salvo que no eran vaquillas, eran autenticos miuras de entorno 600 kilogramos. En concreto 4 individuos.

Pedro corrió como alma que lleva el diablo, pisando mas zurullos que nunca. Los miuras también se animaron, y cada vez eran mas persiguiendo al pobre Pedro que notaba ya como le ardía los pulmones de tanto esfuerzo.

– ¡El cerco! ¡Seguro que Don Manué esta ner coche esperandome! – Gritaba Pedro mientras la estampida se le echaba encima.

CONTINUARÁ

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Perico conducía atento a las indicaciones de Don Manuel hasta que llegaron a los portones de un cortijo. Cuando el coche estuvo cerca, Don Manuel abrió la ventanilla para responder a una voz que salía de no-sé-donde y que sobresaltó al bueno de Pedro.

-¿Don Manuel, es usted?¿Pero no se supone que iba para…? -preguntó la voz dubitativa.

-Pues ya ves que no, ¡lumbreras! Abre los portones y ve preparando los videos que vamos a tener que hacer la reunión desde casa. -La voz de Don Manuel sonaba como la de un sargento de la mili, de esas a las que como le levantes la voz un poco estás en el calabozo hasta que se seque el batisterio de la catedral.

Perico creyó escuchar un “como ordene, señor”, pero no podría asegurarlo pues los portones se empezaron a abrir con un estruendo anacrónico que le dejaron con el ojete torcío. Pisó temeroso el acelerador y condujo lentito hacia el caserón sin atreverse a mirar cómo se cerraba la cancela. Cuando se paró el coche salieron al instante un par de criados bien peripuestos a hacerse cargo del coche, de Paco y del abrigo de Don Manuel, quien se dirigió hacia adentro con gesto serio y determinación; aunque se detuvo exasperado al ver que Perico no le seguía.

-¿Pero quieres venir, hombre de dios, para que te explique tu trabajo?

-Zí, enzeguía, zeñó. Lo que paza eh que claro veía yo ar zervicio ahí y digo yo po tendré que quedarme con elloh y aprendé er oficioh- contestó el pueblerino algo cohibido.

-Tú no pienses demasiado, y en lugar de eso estate bien atento a lo que está apunto de ocurrir.

Don Manuel pasó por varias de las habitaciones y bajó algunas escaleras hasta que llegó a una puerta robusta de madera, la abrió e invitó a Pedro a entrar.

La habitación era lo más raro que había visto Perico en los años de su vida. Una habitación grande, con una mesa grande y cara, con sillas caras forradas de terciopelo y telones de terciopelo colgando por toda la habitación. La habitación estaba oscura, así que no alcanzó a ver bien los grabados y motivos que se repetían, pero juraría que había un dibujo que se repetía por todas partes.

-Toma asiento pedro- Le dijo Don Manuel con una voz que le erizó los pelillos de la nuca.

Perico habría levantado la voz y soltado un “¡tu a mí no me hablah así pó mi mae de mi arma me cago en mih muertoh que nó!”, pero algo en su interior decidió que era mejor callarse y sentarse.

Al poco de sentarse se encendieron varios proyectores que daban a varias de las paredes, y mostraron una cuenta regresiva, como la de las películas. “¿Po no ma traío ehte ar cine? Ehte ehtá shalao…” pensó Perico mientras dedicaba un vistazo de soslayo a Don Manuel, que se había puesto ropas ceremoniales de color vino “y encima se me disfraza de cura… ¿aydió ande ma metío?”. Al terminar la cuenta atrás apareció el dibujo que había notado repetirse pero en grande, y después personas con pose de dar el telediario. Algunas caras le sonaban a rabiar, de películas, del periódico, del parte, y otras no le sonaban ni le sonarían al más culto de los españoles de entonces. Todos llevaban el mismo simbolito en sus respectivos disfraces de cura, iguales que el de Don Manuel. Un ojo en un triángulo (ahí es ná).

-Manuel -comenzó uno de los curas de la película ante el asombro de Pedro-, ¿qué haces que no estás con nosotros en la reunión?

-He tenido una serie de imprevistos, así que tendremos que continuar la reunión de este modo- “¿po no le ehtá hablando ahora a la pinícula?” se extrañó Perico al escuchar hablar a Don Manuel -De todas formas, aquí tengo conmigo lo que habíamos acordado.

Los hombres del cine intercambiaron palabras entre ellos hasta que uno alzó la voz.

-¿Éste es el elegido? Tú. Preséntate.

Hizo falta que Don Manuel le mirase inquisitivamente durante un rato para que Perico entendiese que “los del cine” se dirigían a él. Y hasta entonces le constó luchar contra el pensamiento de que hablarle a la pantalla era de tarado del todo.

-Yo… Me llamo Perdro Sánchez Frutoss -comenzó Perico intentando ocultar con esfuerzo su acento, entendiendo que estaba frene a audiencia refinada -naturá de Benaocazz y pastó de ovejass de vocasión y profesión. Cuando era mozo…

-Suficiente- le interrumpió una de las voces. – Lo has hecho bien Manuel, al fin podemos comenzar el plan.

-Pedro- continuó otro de ellos -, a partir de ahora serás nuestros ojos y nuestros oídos. Nuestra posición es demasiado elevada como para mezclarnos con el vulgo pero tú pasarás muy bien por el pueblo llano. Irás de ciudad en ciudad, aprenderás de la gente de a pié y, mientras cumplas tu misión, no te faltará de nada.

-Llevarás el sello de la orden para que los nuestros te identifiquen y bajo ningún concepto osarás contradecirnos. Haz como decimos y tendrás más de lo que cualquier persona puede desear en vida. Recibirás tu primera misión en un sobre en cuanto termine esta reunión si tu actual patrón está de acuerdo. ¿Manuel?

-Estoy conforme.

-Así sea…- y se apagaron los proyectores.

-Pero qué caraho… -comenzó a decir Pedro por lo bajo cuando sonó el timbre.

A los pocos segundos un criado entró en la sala con una bandeja, portando un sobre que rezaba: “Para Don Pedro Sánchez Frutos” con el sello de la orden y un sello de oro junto al sobre, un sello con el mismo símbolo. Perico fue a abrir el sobre. Pero antes se giró a ver a Don Manuel.

Don Manuel sonreía…

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La verdad, no sé para qué estoy estudiando Publicidad y Relaciones públicas, tantos conceptos, estrategias, psicología… si después te das cuenta de cosas como éstas.

 

Es probable, que quien haya paseado por la Avenida de la Constitución de Sevilla se haya encontrado en alguna ocasión con estas elocuentes señoras, que deambulan por la calle y ofrecen como reclamo, unas ramas de romero gratuitas; pero lo cierto es que ese gancho herbóreo siempre acaba siendo un truco malicioso, destinado a atrapar a incautos ciudadanos entre sus redes, con el fin de sacarles unos eurillos mediante sutiles estrategias retóricas. Personalmente, tuve la oportunidad de analizar en primera persona dichas estrategias y me veo obligado a decir, que no tienen nada que envidiarle a los esfuerzos persuasivos desarrollados por las grandes agencias de publicidad.

En primer lugar, estas señoras han desarrollado una metodología que siempre siguen paso a paso, para hacer más efectiva su comunicación. Tienen un público objetivo al que previamente han investigado y conocen a fondo: los viandantes que han decidido apartarse del frenético ritmo de vida que impone nuestra cultura y descansar sus ajetreados sentidos en el seno de una bella ciudad, relajados, descuidados y con sus defensas cognitivas rendidas por el ocio. Saben dónde abordarles y cuándo hacerlo, para que su comunicación tenga un mayor porcentaje de éxito.
 
Así, una vez elegido su público y preparadas para iniciar la comunicación, a modo de promoción, siempre ofrecen un producto gratuito -el romero- con un valor simbólico añadido muy sugerente -la suerte-. No obstante, este reclamo suele ser débil para un viandante saturado por tanto espectáculo callejero, por lo que éstas usan uno de los recursos persuasivos más potentes que les diferencian del resto: el contacto físico y el verbo cálido, que instantáneamente establecen un vínculo poderoso entre dos personas. Así, como las grandes empresas hacen con su fuerza de ventas y sus ejércitos de comerciales, estas mujeres te agarran del brazo con delicadeza y con voz triste suelen decir: “no me rechaces el romero, niño, que no cuesta nada“.
 
Suelen situarse alrededor de multitud de monumentos, como puede ser la catedral de Granada.
 
En ese momento, la gitana compromete al paseante y le atrapa mediante un discurso frenético; le lee la mano, le habla de la suerte, de rituales, de hechizos y de maldiciones, le arrastra a un mundo de magia y supersticiones que despiertan los miedos que tenemos encerrados en el subconsciente colectivo; de este modo, inhibe su capacidad racional y le sumerge en el ámbito de las emociones, del miedo… Una vez acabada la exposición, la gitana revela la letra pequeña de la oferta y pide dinero al desconcertado ciudadano; además, pone su umbral de satisfacción alto y no dudará en pedir un billete como pago por sus servicios esotéricos, comunicándolo mediante un concepto indirecto: “la suerte se paga con papel, niño, yo tengo cambio”. Es normal que cualquier turista esté dispuesto a darle un par de euros, para que le deje en paz y no volver maldito a su tierra.
 
En definitiva, la gitana camina con sutileza por esa fina línea que separa la persuasión de la coacción y acaba vendiendo un producto cuyos costes ascienden a 0€, por un precio que le reporta un gran beneficio, cosa que hoy en día, podría considerarse un gran triunfo comercial. Y esto no lo hace una poderosa agencia de marketing, sino un grupo de mujeres con una cultura baja, de las que dudo que sepan leer y escribir.
 
Esto nos enseña que no podemos despreciar ninguna parcela de la realidad, porque incluso en los rincones más bajos y profundos de la misma, pueden encontrarse las claves del éxito.
 
Consejo: No cruzar palabras más allá de un “No, gracias”.

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