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Archive for 16 diciembre 2013


Está en los medios de comunicación. La Crisis – con mayúsculas, que ya le vamos a tener que poner hasta un DNI -, la situación política, las reformas legales, los casos de corrupción flagrantes, los Borbones de guante blanco, la Sanidad y la Educación – y sus recortes -,  y una lista preocupantemente larga de detallitos que hacen de nuestro país el protagonista de una película de Scary Movie.

A diferencia de lo que muy probablemente las cabezas pensantes de este país se resisten a creer, la gente es consciente de todo. A unos les parecerá mejor, a otros peor, otros echarán espuma por la boca y una minoría silenciosa estará sacándole brillo al revólver, por si se vieran en la necesidad imperiosa de utilizarlo. Tampoco voy a entrar en excesivos detalles porque, ya está dicho, el conflicto está en la calle, en los medios de comunicación, en internet y hasta en la psique colectiva. Todos sabemos muy bien lo que está pasando y todos tenemos nuestra opinión.

Lo que sí me gustaría reseñar son las consecuencias de esta situación. Concretamente dos de ellas, diametralmente opuestas, dicho sea de paso.

 

CARA AL SOL CON EL SMARTPHONE NUEVO – ORGULLO

Y habrá gente que se extrañe. Una de las consecuencias lógicas de la situación en la que estamos, siendo dolorosamente conscientes de dónde estuvimos, es la de exaltar la figura de lo español. Provocando, consecuentemente, el odio a todo aquello que no lo sea.

Que la ultraderecha está campando a sus anchas por Europa es un hecho impepinable. Y quien no vea que por España está rulando el recuerdo a Paco más de lo habitual es que tiene un problema de miopía peor que el mío.

No me suena de nada ese símbolo.

No me suena de nada ese símbolo.

Y es que la Crisis está haciendo que este tipo de orientaciones políticas adquieran una fuerza inusitada. Grupos como el de la foto, Respuesta Estudiantil, que se define como “patriota, apartidista y no subvencionado” – maravilloso uso de los eufemismos – aprovechan la necesidad de mucha gente de pertenecer a un grupo que proteja los escasos derechos que les quedan, en este caso ante los terribles recortes en educación, llevándolos a terrenos ideológicos que podríamos calificar como de “arenas movedizas”, por seguir con el asunto eufemístico.

En mi mente quedan también casos como el de los “comedores sociales patriotas“, del grupo de ultraderecha España 2000, que realizaba – y supongo que seguirá realizando – la noble labor de dar comida a aquellos que más lo necesitan… Siempre y cuando esos necesitados sean españoles. Los inmigrantes no, que nos quitan el trabajo.

Sin irnos a casos de tan alta escala, cada vez veo más casos de lo que yo llamo “racismo de andar por casa”. Y es que antes del reventón que pegó la Crisis en este país, en España éramos los putos amos. La clase alta vivía mejor que nunca, preparando el terreno; la clase media se permitía el lujo de tener tres pisos, cinco coches y la moto del niño; y de la clase baja nunca más se supo. Por supuesto, todas las ayudas sociales y de ayuda para acceso al empleo iban para los pobrecitos inmigrantes, que en su país no tenían trabajo y venían aquí a recoger la fresa.

Como podréis suponer, la consecuencia de esto es que ahora esas ayudas la necesitan casi 5 millones de españoles, pero que debido a la legislación pre-Crisis – bonificaciones por contratación, etc… -, se siguen dando a los inmigrantes. Es decir, “que yo me estoy muriendo de hambre y un tío que viene de fuera trabaja antes que yo”. Comienzan los odios. Y a ver a dónde nos lleva esto.

 

CARRETERA Y MANTA Y NOS VEMOS, COMPARE – ASCO

Vuelvo a repetir, ¿quién se extraña? La otra consecuencia lógica de la situación en la que vivimos es que la gente se deje la vida en picar billete. Se escucha mucho por ahí la expresión “con un trabajo de mierda en cualquier otro país vivo mejor que en España, aquí directamente no trabajo”.

Ya hace unos días que rula por televisiones e internetes esta iniciativa que, aunque finalmente haya terminado siendo una terrible estrategia viral para preparar el terreno del nuevo anuncio de Campofrío, ha movido conciencias de mucha gente que, motivados por la urgencia o por la necesidad, se tomaron tal iniciativa increíblemente en serio. Antes de seguir os pongo el vídeo final de la susodicha compañía, que dan ganas de darle dos guantazos tanto a las mentes creativas como a las lumbreras que lo apoyaron.

“Nos quitan la sanidad, la educación y los derechos, pero tenemos los bares abiertos hasta las tantas, dónde va a parar”. Lo dicho, vergonzoso.

Retomando lo anterior, hay que asumir un hecho, y es que en este país se está volviendo a una realidad que hace muchísimo tiempo que no se vivía. El español vuelve a ser inmigrante. El éxodo masivo de mano obra competente que no encuentra trabajo en nuestro maravilloso rinconcito de Europa llega al nivel de diáspora si fijamos la mirada en un rango de edad entre los 25 y 35 años. Profesionales con una formación excelente, increíblemente competentes, pero que ven totalmente coartadas sus perspectivas de futuro en este país que, lejos de tener una oferta laboral adecuada, lleva años recortando la ya existente. Resultado, aunque encuentres trabajo de lo tuyo va a estar mal valorado, mal pagado y mal planteado. Y así no hay manera.

Hay que tener muy en cuenta, además, que la increíble ola de inmigración que vive nuestro país está teniendo consecuencias en el extranjero. Europa está, literalmente, hasta los cojones de recibir españoles. Ciudades como Londres se pueden considerar literalmente invadidas por compatriotas, que colonizan en tierras británicas los trabajos que en otra época regalábamos en España. A saber, fregaplatos, camareros, limpiadores, cuidadores, niñeras… Trabajos tan honrosos como cualquier otro, pero para los que no nos deberíamos ver obligados a emigrar para conseguir. A mí se me llena la boca diciendo que somos los nuevos Rumanos, con todo el respeto hacia los oriundos de Rumanía.

Y hasta aquí llega mi pequeña reflexión. Se puede estar más o menos de acuerdo con mi forma de exponerla, con mis argumentos o con mi visión de la situación. Pero como suelo repetir más a menudo de lo que me gustaría:

ESTO ES UNA PUTA REALIDAD.

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Antes de que los béticos empiecen a echar mierda por la boca, cosa que se les da bastante bien, debo aclarar que el título no tiene mayor objetivo que el de atraer todas las miradas posibles, turbas furiosas con antorchas procedentes del barrio de Heliópolis y de distintos puntos de la península incluidos.

Pero más allá de la simpatía que me despierten los herederos de Lopera, este artículo, efectivamente, va a hablar de fútbol. Si, señoras y señores, fútbol por primera vez en la Tasca en sus dos intermitentes años de historia. Y el título, una vez pasadas las ganas de asesinar al que escribe, sí que viene bastante a cuento. Porque, como supongo que todos aquellos que gustéis de estar informados de lo que ocurre en España más allá del Madrid y del Barça sabréis, el lunes fue destituido Pepe Mel como entrenador del Real Betis Balompié.

Que penita dio, carajo.

Que penita dio, carajo.

Os tengo despistados, ¿eh? Descolocados, incluso.

El verdadero objetivo de este artículo no es otro que el de señalar una realidad bastante triste, y es que a uno de los pocos entrenadores que sienten sus colores en la Liga BBVA le han dado la patada antes de terminar la primera vuelta. Y dándose el caso concreto, por cierto, de que el bueno de Pepe llegó a un Betis en Segunda División, al que subió a la división de honor y llevó a la Europa League en 3 años. Uno pensaría que alguien de sus características merecería algo de crédito, habida cuenta de que le desmontaron el equipo ganador que tenía la temporada pasada en verano, a pesar de que la situación del Betis, colista con tan solo 10 puntos, no da para muchas esperanzas.

Y es que, aunque el de Pepe Mel es un caso excepcional de entrenador comprometido con los colores que defiende, no es el único ni en nuestra Liga ni fuera de ella, así que con vuestro permiso, voy a hacer un pequeño repaso.

 

LOS QUE ESTÁN

El primer ejemplo está bastante más que claro para quien tenga algo de idea de qué pie cojeo, así que iré directo al grano.

Diego Pablo Simeone.

Cholo Simeone!

Cholo Simeone!

Y es que aunque el Cholo es hincha declarado de Racing de Avellaneda, poca gente hay en el mundo que sufra y disfrute más con el Atleti que este señor.

Tras dos etapas como jugador, la primera de ellas formando parte del equipo de leyenda que ganó el Doblete, Simeone llegó al Atlético como entrenador en 2011 en una situación parecida a la que ha sacado del banquillo a Pepe Mel, tras la destitución de Gregorio Manzano – por cuarta vez en su carrera – y tomando el control de un equipo perdido, desanimado y con estrellas que no sabían a lo que jugaban. El resultado lo sabéis todos. Europa League el primer año y avasallando a quien se le ponía por delante. Supercopa de Europa metiéndole cuatro a un Chelsea campeón de Europa. Copa del Rey la temporada pasada ante el Real Madrid en el Bernabéu después de 17 años sin ganarla, y después de 14 años sin ganarles a los de Concha Espina. En el Bernabéu. Por si fuera poco se clasifica de forma directa para la Champions League, cosa que no se conseguía desde el Doblete. Y lo de este año ya lo estáis viendo. Imbatido en Europa al nivel de un equipazo como el Bayern y colíder en Liga empatado a todo con el Barcelona.

Aúpa Atleti, cojones.

Otro caso sería el de Ernesto “El Txingurri” Valverde, actual entrenador del Athletic de Bilbao, también ex-jugador y también aficionado del equipo que entrena.

No conviene olvidar que quizá el mayor exponente de este tipo de entrenador lo tuvimos hace no demasiados años encarnado en Pep Guardiola, ganador de todo lo ganable con un Barcelona del que formó parte desde siempre.

 

LOS QUE YA NO ESTÁN (EN EL BANQUILLO)

Mencionado el caso de Guardiola, quizá uno de los casos más importantes, por los títulos que consiguió y por la forma rastrera que se lo echó, es ni más ni menos que Vicente del Bosque, ganador, entre muchas cosas, de la última Champions que ganó el Madrid, que lleva desde entonces llorando por “la décima”.

Aquí también podríamos incluir a Sir Alex Ferguson, que se retiró la temporada pasada después de haber pasado los últimos 26 años como cabeza visible del Manchester United y tras haber ganado la friolera de 38 títulos con los Diablos Rojos, estableciéndose como uno de los casos de fidelidad más duraderos dentro del mundo del fúbol. Y en éste artículo merecería estar Ryan Giggs, a pesar de seguir siendo jugador.

Volviendo a la Liga española, y fijando la vista de nuevo en el Camp Nou, el nombre de Gerardo Martino, el Tata, es otro que se ha ganado estar en esta lista. No por su actual etapa en el Barcelona, por supuesto, sino por la que le precedió en Argentina en el equipo de sus amores: Newell’s Old Boys.

Y también estuvo en el Tenerife, chavales.

Y también estuvo en el Tenerife, chavales.

Fue una leyenda en el equipo en el que se formó como jugador en Rosario, Argentina, ganando 3 campeonatos nacionales y con el que incluso llegó a una final de la Copa Libertadores, máxima competición continental sudamericana, que perdió contra el Nacional de Uruguay. Pero además ya en 2012, y después de realizar grandes campeonatos con el Libertad de Paraguay y con la selección Paraguaya que perdió en cuartos de final del mundial de 2010 con España, llegó como entrenador a Newell’s, con el que fue capaz de ganar un Torneo Final en Argentina y de llegar a semifinales de la ya citada Libertadores.

Equipo, por cierto, en el que ya entrenó otra leyenda viva de los banquillos como es Marcelo Bielsa y de cuyo estilo bebe contínuamente el Tata.

Podrían citarse muchos más casos presentes y pasados, como el de Jürgen Klopp en el Borussia de Dortmund alemán, Luís Aragonés en el Atleti, Joaquín Caparrós en el Sevilla o Carlo Ancelotti en el Milan.

Los jugadores que se mantienen fieles a los colores que les representan siempre son más conocidos que los entrenadores en la misma situación – véase el caso ya visto de Ryan Giggs, Paolo Maldini, Alessandro del Piero o Patxi Puñal en Osasuna -, pero creo que si se echan cuentas, a un equipo entrenado por alguien que sufre como el que está en la grada le suele ir bastante bien.

Hasta que les vaya mal, claro está.

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