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Archive for the ‘Cocina de Supervivencia’ Category


Hace mucho mucho tiempo, en el lejano Pisokostria…

Un grupo de enfermas mentes pensantes, de esas que vestirías con una linda camisa blanca de las que se amarran a la espalda, se dieron cuenta de que tenían más hambre que goku bailando batuka. Y, decepcionados de comer siempre la misma amalgama de lo primero que pillasen, decidieron innovar, mezclando y mancillando las recetas tradicionales que tan felices les habían hecho en su infancia. Y así nació la Cocina del Horror, a quien dedicamos esta subsección de Cocina Estudiantil.

Hoy en nuestro bautismo de fuego presentamos una de las creaciones culinarias más acojoteósicas de todos los tiempos. Para todos aquellos que alguna vez han disfrutado de un buen aneto castellana en un mesón random pero son demasiado vagos para el cuchillo y el tenedor. Para todos aquellos amantes de la pizza cuyo sentido patrio se siente herido cuando rinden homenaje a este manjar de tierra tortelina. Para quienes pensaban que ya habían visto toda la bazofia que puede entrar en un estómago humano. Este post es su respuesta. Hoy queda demostrado que en materia de cocina nada puede igualar la creatividad el hombre hambriento, y a todos esos que dudaban de su poder yo les digo:

“Yes, we COOK!”

Comorl??

Hasta el mismísimo Gobernator dudó de nuestras palabras. No hay más que ver cómo se puso tras probar nuestras delicias. ¡Sin palabras machotes!

Antes que nada, y dado que conozco el tirón que tiene este nuestro blog, me veo en la obligación de explicar que un Aneto, allende el sur peninsular, es algo mucho más trascendente y poderoso que una marca de caldo o un pico de los Pirineos. Es algo que quita el hambre y deleita con sólo evocar su concepto. Es algo tan sumamente superior a los estándares culinarios que, para mi desgracia e incultura popular, ni la RAE ni Wikipedia pueden abarcar. Para que nos entendamos un aneto es algo así como el primo de zumosol de los sanjacobos, es una pechuga de pollo (entera) rellena de jamón y queso empanada y frita, pero lo mejor viene en el momento en que suele estar acompañada de salsa a la pimienta, al roquefort, o, como en el caso que nos ocupa, de una salsa a base de cebolla, champiñones y taquitos de jamón conocida como salsa castellana.

Pincha aquí para la receta del susodicho manjar, en un apañado blog de cocina.

Y habiendo aclarado esta piedra angular de la maravilla culinaria que nos ocupa, pasamos a elaborar el concepto. Y para ello responderemos a una pregunta para todos aquellos que han visto más de una reforma de la ley educativa: ¿Cómo se prepara una pizza?

Pues muy fácil, queridos paninos de microodas, muyyyy fácil.

Para dominar el mundo de las pizzas, para marcar la diferencia entre una delicatessen y tomate en una cracker hay que dominar los dos caminos de la pizza. Estos son: La Masa y el Horno. Y parece una chorrada, pero los que han probado la diferencia lo saben: no existe color entre una masa casera bien crujientita y en su punto de sal di la comparamos con una de esas mindundis congeladas, criadas junto a langostinos y espinacas, ¿qué se puede esperar de algo así? Quitando estos dos puntos de complicación, saber preparar una masa casera y saber usar el horno, el resto de la complejidad se reduce a poner la sustancia encima de la masa y meterla con cuidado de no ponerlo todo perdido (para quien le pase, que no se avergüence, todo es cuestión de práctica).

Como estoy en una época flojeras, os voy a remitir a otro blog de cocina donde explican requetebien cómo se hace una buena masa casera. En concreto éste blog.

Ingredientes:

  • Para la masa: los que pone la receta de la masa.
  • Para los anetos con salsa: los que pone la receta de los anetos con salsa.
  • Para que sea una pizza de verdad y no le insulten los panini: orégano al gusto, salsa pomodoro (tomate), y cantidades paganas de mozzarella.

Preparación:

  • Sacamos el cariño y la sonrisa de abuela. Porque es bien sabido que el cariño y las sonrisas es lo que hacen los platos ricos y cuantiosos a reventar.
  • Nos ponemos el chándal de Pingu que nos compramos en el rastro porque parecía cómodo. Lo vamos a ensuciar.
  • Le damos a los ingredientes un discurso a lo “Sargento de Hierro”, esto es para luchar contra la soledad en caso de que tus colegas ya estén tajándose en el salón y tú no por eso de manipular comida y elementos metálicos a 200ºc.

Ejecución:

  • Lo primero y más importante es ponerse con la masa. Si seguís todo como en la receta que os he pasado no deberíais encontrar mayor dificultad. Un experto en levaduras podría usar prácticamente cualquier tipo para sus fines, sean una masa esponjosa a una finísima crujietiliciosa, como no todo el mundo es un experto os prevengo y aconsejo que vayáis a lo fácil, véase “Levadura Fresca ‘Hacendado'”, está en refrigerados del mercadona, son taquitos monodosis, y funcionan muy bien; sin contar que os ahorra el viaje a la panadería de turno y la explicación del panadero que sufrió su primera crisis empresarial cuando sacaron “BIMBO”. La primera vez lo vais a poner todo perdido y no vais a poder calcular bien las raciones, así que os aviso de que es mejor hacer dos pizzas medianas que una que no quepa en el horno; ahí lo dejo. Y, para terminar con este punto, ponedle mucho mimo a la parte de quitarle el gas a la masa y la parte del refinado; pasar por esta parte sin cuidado puede resultar en que en vez de una pizza acabes comiéndote una campurrina tamaño Falete, avisado quedas.
La envidiáis y lo sabéis...

Esta es la masa del experimento piloto. Esa cara de entre felicidad y relax es la reacción normal tras veinte minutos en mis manos… grrrr…

  • Siguiente paso. Encender el horno (¿Tan pronto?). El horno, amigos míos, hay que precalentarlo antes de meterle nada; como si fuese una… freidora (sí, las freidoras también se precalientan; la “megacroqueta” no es algo de lo que estar orgulloso). Aquí va a entrar en juego una decisión difícil que te recomiendo que hayas tomado con bastante antelación. Dilema, dos opciones: a)Una masa gruesa y esponjosa, o b)Una masa fina y crujiente. Si eres de esas personas a las que le gustan gruesas, entonces ponlo a 220ºc y cuando metas la pizza la dejas unos 20 minutos, hasta que veas que está como te gusta; suavecito y despacito. Si en cambio te gusta que cruja, pues 290º y la dejas unos 10 minutos o hasta que veas que se pone dura; rápido y a tope.
  • Mientras que se va precalentando el horno, te pones a preparar la salsa castellana y metes el aneto en la freidora. Freidora que encendiste hace unos 5 minutillos para que se precalentase, obviamente (nota: sabemos que está caliente porque se le apaga la lucecita, maravillas de la tecnología). Disfruta de tu momento de chisporroteo y perolada.
  • Una vez listo el aneto a la castellana, cubrimos la base con la salsa de pomodoro (cuanto más casera, muchísimo mejor, dile a alguien que haga el sofrito o se lo pida a la abuela; esto es un trabajo de equipo). Cortamos el aneto en rodajas para que la distribución carne-jamón-queso sea uniforme en toda la pizza. Al cortarlo no lo cojas con la mano, recuerda dónde ha acaba de estar. Y repartimos la salsa castellana por encima, justo antes de cubrirlo con el mozzarella y condimentarlo con el orégano (un toque sutil de pimienta hará la delicia de tus amigos). Lo bueno de poner el queso lo último es que al fundirse crea una costra que hace que todo se quede más o menos en su sitio, pero para eso lo tienes que repartir muy bien por toda la pizza. Nota: Si al repartir los ingredientes doblas los bordes ligeramente hacia adentro dificultarás que se te derramen los manjares al meterlo en el horno.
  • Ahora, pues al horno infierno del que saldrá convertido el la súcubo de los paladares exigentes. Y nada, a esperar a que se ponga como a ti te gusta.

Dejo una foto del nuestro prototipo:

Éste es el EVAneto 01. El 00 se volvió loco cuando le enchufamos el dummy-plug y tuvimos que coserlo a tiros. En este caso salió un plato “Betty, la fea”, estaba más buena que lo que aparentaba.

Y aquí me despido de esta feria de las naciones quimiostésicas. No diré pronto, pero vendrá más ¡y mejor!

Y no puedo despedir este proyecto sin mencionar a la abuela Wanchisneiro, que es a la cocina suculenta lo que Zeus a los chispazos.

Y para abrir boca: Futuriblemente en Cocina Estudiantil…

– El hambre agudiza el Ingenio (aka La Cocina del Horror): Tortilla Jacobea

y

– Quien controla la especia controla la galaxia – Guía de introducción a los polvitos de sabores.

BIMBO, Hacendado, Gobernator y Falete son marcas registradas propiedad de alguien con muy pocos escrúpulos.

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Como adivinaréis por el título, no es una receta hecha para pusilánimes ni gente de esta que dice “no, yo solo quiero un poquito y ya está”. No, señores, esta receta está hecha para hombres de verdad, sin miedo a la indigestión ni a coger 4 kilos más de la cuenta. Comenzamos:

 

Para esta monstruosidad necesitaremos:

  • Carne picada por un tubo (en función de los que vayan a comer)

    La carne picada envasada de toda la vida de Krom.

  • Queso en cantidades industriales (a ser posible de distintos tipos).
  • Ajo (según la cantidad de carne y, sobre todo, según el gusto de cada uno).
  • Cebolla.
  • Perejil.
  • Orégano.
  • Patatas fritas (si, mezcladas con la carne y todo lo demás después de fritas… gloria).
  • Cerveza (si, cerveza)

Dado que esto no es una delicatessen ni mucho menos, lo que os voy a poner aquí es solo una versión de la susodicha orgía, a continuación os digo otros ingredientes que podéis usar para mejorarla:

  • Champiñones (se echan a la vez que la carne)
  • Pimiento (echarlo con el ajo y la cebolla)
  • Los sazonadores para Tacos o Burritos que venden en sobres.
  • Vino (tinto o fino, en vez de la cerveza)
  • Tomate frito
  • Huevos (convertir la orgía en un macrorevuelto de la muerte)

 

Para empezar, coged una sartén bien grande (os hará falta) y echadle un chorrito generoso de aceite de oliva (no queremos que se nos pegue nada a la sartén, que luego fregarla es un coñazo). La ponemos a fuego medio y añadimos el ajo y la cebolla para que se vayan friendo un poco.

En una sartén como esa, donde vemos al Tio Perico haciendo una paella para 2.

Cuando estén dorándose, añadimos la carne picada. La dejamos hacerse un poco, añadimos un chorro generoso de cerveza y dejamos que se evapore. Una vez que veamos que queda poca “salsa”, añadimos las patatas previamente fritas y vamos echando los distintos tipos de queso a trocitos, mientras removemos… en este blog fomentamos el trabajo en equipo, no lo olvidéis. Cuando veamos que está todo hecho una, como dice el título, orgía de carne y queso, añadimos perejil y orégano al gusto del consumidor, le damos un par de vueltecitas más y servimos. Nuestra Orgía de carne y queso ya está lista para consumir. ¡Engordad, mis pequeños, engordad!

Miradlo por el lado bueno, lo mismo después os cogen para una película.

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Señoras, señores, animales y modernitos; aquí les traigo el súmmum de la pizza, la madre de toda las pizzas, el shawarma de las pizzas o, como decimos por aqui: “Ohtia, nosta weno ehto picha”. Después de probarlo no querrás volver a comer pizza normal nunca más. A pesar de que nada más leer el nombre tus venas se ponen como las de un americano leyendo el menú del Burguer King y tu colesterol empieza a preparar la fiesta, no es tan grasiento como parece. Procedo a contaros como hacer esta delicia gastronómica en vuestra casa.

Esta será vuestra cara al primer bocado

Lo primero que hay que hacer es tener una pizza (quién lo diría). Puedes hacerla tú mismo, comprarla precocinada en tu supermercado más cercano (esto es lo que hareis todos, no os engañeis) o, si teneis algo de pasta y quereis que vuestra boca se case con vosotros, pedir al Telepizza o derivados. En caso de comprarla precocinada o hacerla vosotros mismos, hornearla (o microondearla) hasta que esté hecha… necesitamos a esa zorra bien calentita y fundida. Hasta ahi, todo normal… pero ahora es cuando viene el momento de la verdad.

Mi recomendación personal

Cogemos una sartén (la más grande que tengais, para que os quepa la mayor cantidad de pizza dentro), le echamos un poco de aceite, poco más de lo que le echaríais a una plancha para hacer filetes (aseguraos de repartirlo bien por toda la sartén), ponemos el fuego medio-fuerte y esperamos a que se caliente. Una vez que el aceite está caliente, ponemos la pizza encima, tapamos, lo dejamos 2-3 minutos (o hasta que veais que está crujiente la masa)… y ¡voilá! Listo para saborear esa deliciosa pizza que acabamos de dejar con una base crujiente. Haceos a la idea de que esto es como mezclar un sandwich de estos que te haces con su mantequilla en la sartén y una pizza (tal como suena).

La miras, te mira... te pide que te la comas, no te resistas, se un buen chico.

Espero que a nadie se le ocurra darle la vuelta a la pizza y ponerla en la sartén por la parte del queso, aunque no os lo creais, ya me lo han preguntado varias veces… supongo que poner la pizza por la base es demasiado comercial para algunos.

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A pesar de que ya hace tiempo que terminaron las JMJ me presento hoy aquí con una recetilla que me quedé con las ganas de darle a probar al sumo pontífice, y que hará las delicias de cualquier incauto que se siente a vuestra mesa.

Los que me conocen saben que soy un forofo de la nouvelle cuisine y que, desde aquella vez que por accidente (*yao face*) convertí palomitas de microondas en balines de carabina, intento irme superando en lo que a matar la gusa se refiere. Pues bien, de tanto ver a Ferrán Adriá hacer chuminadas y de no aprender nada con los chistes de Arguiñano, llegó el día en que decidí hacer lo propio: aprender primero lo básico antes de pasar al nivel experto. Y eso me llevó a integrarme en un campamento de preparamiento intensivo de revueltos, donde aprendí el arte de revolver un huevo sin que se revuelvan mis tripas. Aquí empiezan las lecciones del maestro.

Benedicto (Equis Uve Palito) cuando le preguntaron que cómo de grande le gustaban. Los revueltos, claro está.

Ingredientes:

  • Huevo (los que sean, recomiendo uno por comensal)
  • Aceite de Oliva
  • Más cosas, ¡¡hay que darle sustancia!!
  • Sal, pimienta y especias al gusto.

Preparación:

  • En una sartén poner el aceite a calentar.
  • Sofreír la sustancia genérica que vayamos a echarle.
  • Batir el huevo.
  • Verter el huevo sobre la sustancia frita.
  • Revolver hasta que el huevo se ponga amarillito tipo tortilla francesa.

Consejos y truquetes:

  • Asegúrate siempre de que los huevos son frescos.
  • No importa realmente lo que revuelvas con el huevo, pero asegúrate de que podrás soportar la combinación de sabores.
  • El huevo es lo último siempre. Es lo que más rápido se prepara, así que asegúrate de que la sustancia está bien cocinada antes de echarlo.
  • Batir el huevo puede ser muy fácil o muy cansado. Las madres lo baten a la perfección en su platito y con ese repiqueteo de tenedor. Sin embargo, si tú vas con prisas, te recomiendo que lo eches en un vaso y remuevas con un tenedor o cuchillo. Es infinitamente más rápido y el resultado no dista demasiado.
  • No te pases con la sal.
  • Cuando esté todo en la sartén asegúrate de revolver bien, puede ocurrir que te queden mucha “costra” (huevo cuajado) por una parte y nada de huevo por otras.

Os habréis dado cuenta de que es fácil con maldad. Ésta, como la anterior, es una receta que sirve perfectamente para aprovechar las sobras de otros días o para acabar con el contenido de latas abiertas en frigorífico, etc. A pesar de todo, seguro que muchos coincidís conmigo en que hay un ingrediente que hace que un revuelto simplemente suba de categoría, y me refiero a la magnánima y santísima: a la patata frita.

Muchos estudiosos e ilustrados podrían definir el revuelto de patatas (o papas) como “aquella tortilla en la que se quedaron cortos con el huevo”, gran verdad, pero una tortilla española, campera, o como más nos guste simplemente no es lo mismo que un revuelto; las omelettes pa los gabachos. Por razones como esta, cuando hacemos un revuelto hay que hacerlo con estilo, y tenemos que buscar ideas que nos eleven al estatus necesario. Yo encontré la mía en un bar típico de mi ciudad, donde el andalusismo está arraigado y son unos maestros como pocos quedan. La idea en sí no tiene más tutía y debo decir que todos los no-andaluces que me han visto prepararla se han echado las manos a la cabeza, pero digo también que ninguno quedó descontento.

Pequeña anécdota: Andaba yo por Padua (Italia) con un grupo de españoles variopintos bastante hambrientos y decidiendo la cena. La gente decía “pasta” y yo era como “WTF! Llevamos 3 meses en italia, estoy de pasta hasta los cremásteres” y me decían “pues cocina tú” y yo decía “pues vale” y decían “pues no nos fiámos, ¿qué vas a hacer?” y yo decía “revuelto de papas” y contestaban “yo no frío, ni pelo, ni corto papas” y yo decía “no va a hacer falta” y se extrañaban “tú estás loco” y yo “qué te juegas” y contestaron “te pagamos to lo que bebas hoy” y yo… FUCK YEAH! Cuando me vieron salir del super con la compra y las patatas comprendieron su error. En efecto, lo que propongo aquí es hacer el revuelto con patatas CHIPS.

Cómo se nota que a Adolfito no le daban cosas de estas. Se le habrían quitado las ganas de conquistar Europa...

Revuelto Pontífice (para 2 personas):

  • 2 huevos.
  • un paquetillo de jamón a taquitos o bacon.
  • una latilla de champiñones, los escurrimos, ¿eh?.
  • un paquete de patatas.
  • Aceite de Oliva, sal y pimienta.

Pues lo mismo de antes. Hacemos el revoltillo. Primero el bacon, después champiñones y después las patatas. Las patatas las podemos machacar bien (dentro de la misma bolsa) antes de echarlas, depende de cómo de grande queramos el “tropezón”. Ahora elegimos el grado de dureza o crujientez de la papa, sencillo, con las patatas en la sartén las podemos rociar con un poco de aceite frío si queremos que se pongan “blandurrias”. Por último ya, la batida de huevo. Y TA-CHÁN, no os imagináis el cebollón que me pillé esa noche.

Otros revueltos a probar:

-Cowabunga: papas, peperoni, orégano, y cuando lo sirvamos le echamos mozzarella rallado por encima mientras está caliente.

-Octubre Rojo: papas, gambas, mejillones en escabeche (le echamos el escabeche y todo), tomate natural bien rallado, y albahaca.

-El empaste marino: papas, atún, melva, y paté de anchoas (se deshace con el aceite y queda muy suave).

Y ahora os dejo antes de que me vuelva a entrar hambre.

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Para aligerar un poco los servidores de Wikipedia, me parece de licencia comenzar diciendo qué es un Ortoréxico.

Se define como ortoréxic@ a la persona que consume alimentos que considera saludables o buenos. Podemos meter dentro de este cajón de sastre desde las madres engañadas por el actimel a los veganos que no comen ciertas cosas por ideología. En muchos casos puede llegar a ser dañino, peligroso y mortal. Hasta el punto de que la Ortorexia Nerviosa ya se comienza a plantear como un trastorno alimenticio al nivel de la Anorexia Nerviosa de la cual todos hemos oído hablar.

Pasando este pequeño -y espeluznante- preludio, me confesaré como ortoréxico amateur y comilón de los que no quedan. Y porque pienso que la salud, la ecología y el buen comer no deben estar enfrentadas; hoy comienzo este manual, para dar pistillas, secretillos o hablar sobre algunas cosas que nos pueden ayudar a la hora de hacer nuestra propia dieta.

En esta primera entrega del MBO hablaremos de algo de lo que nuestros bisabuelos no tenían por qué preocuparse: los OMG (no, no son los OhMaiGods)

Este kiwi actuó como agente doble durante la guerra fría y la guerra de Vietnam. Murió cuando unos franceses volcaron el cargamento en que se encontraba hace unos años.

Los OMG (Organismos Modificados Genéticamente), conocidos entre el populacho como “transgénicos”, son bacterias, animales, vegetales, hongos, cosas vivas en general, manipuladas por el hombre a nivel genético con la finalidad de darles propiedades que no poseían anteriormente; tales como fosforescencia, crecimiento acelerado, resistencia ante pesticidas, posibilidad de vivir sin cabeza, patas extra, baja agresividad, sabor a yogur, etc.

Planta de Tabaco que brilla como las Luciérnagas. Pall Mall se plantea sacar la variedad "Pachá" para fumar en las discos de Ibiza.

Existe gran polémica en lo referente a la utilización de este tipo de organismos, ya sea para el consumo directo del ser humano o indirecto (tipo, vaca come pienso transgénico y tú comes vaca). Si bien los alimentos transgénicos pasan gran cantidad de controles por la OMS (Organización Mundial de la Salud), son demasiado “nuevos” en el mercado como para conocer los efectos a largo plazo sobre el bienestar de una persona. Por otro lado, una de las cosas que defienden las organizaciones ecologistas y los detractores del uso de este tipo de organismos es que, impepinablemente, estamos introduciendo en la naturaleza especies vivas que antes no existían. El impacto ecológico es seguro, aunque no se puede decir rotundamente que sea dañino.

De todas formas (y volviendo al tema que nos atañe) podemos afirmar con seguridad que estas especies modificadas genéticamente, estos X-Men de las hortalizas, son más fruto de gente con bata y laboratorios ultra modernos que de bonachones granjeros con sus tejanos y su espiguilla entre los dientes. Convirtiéndose automáticamente en archienemigos de los amantes de la comidilla ecológica, entre los cuales me encuentro. Archienemigos que son jodidamente difíciles de evitar. Pues aunque la legislación obliga a hacer constar en las etiquetas de los productos la presencia de OMGs, no es especialmente estricta en lo que se refiere a la presencia de OMGs en la cadena de producción de los alimentos. A groso modo, obliga a decir si la ensalada que compras lleva soja transgénica pero no si la vaca comió soja transgénica o la lecitina usada como emulgente de la salsa provenía de una soja transgénica.

Por esto último, es muy fácil encontrarse desorientado a la hora de querer eliminar los transgénicos de la dieta. Para hacer la labor más simple, existen documentos en los que están reflejados los alimentos que contienen o no este tipo de productos.

Tanto si somos defensores del poder de la ciencia humana sobre la naturaleza, como de lo contrario, yo recomiendo que cada cual se informe y se haga una opinión lo más completa que pueda. Yo por mi parte ya me he posicionado. Y para todos los demás os dejo un link a la mejor clasificación de marcas según el uso o no de OMGs, confeccionada por Greenpeace: la Lista Roja y Verde. El concepto es bastante sencillo: si una marca es capaz de certificar que no hay transgénicos en la cadena de producción de sus productos, va a la lista verde; si se niega a certificarlo, reconoce que usa transgénicos, o a pesar de negarlo se encuentran transgénicos en sus productos, va a la lista roja.

Lista Roja y Verde de Transgénicos de Greenpeace (5ª Edición), con un pequeño panfletillo propagandístico e informativo. Para todos los que quieran sacar los OMGs de su dieta.

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Pasó una vez, hace cierto tiempo que llegaba yo a casa después de unas prácticas que terminaron ligeramente tarde. No pensaba que fuesen a tardar tanto, así que entré sin comer. Y cuando salí de ellas tenía el hambre de CONAN (véase un hambre bárbara), y pocos cuartos en el bolsillo. No tenía posibilidad de comer fuera de casa, y rezaba por tener suficiente comida al volver.

No fue así, tenía algunas sobras del día anterior, un blíster de taquitos de jamón, y algunas sobras de otras marranadas universitarias. Entonces recordé haber visto a mi madre hacer algunas cosas ricas en casa. Y así nació esta receta.

Ingredientes:

Bazofias Varias
Aceite de oliva
Harina
Leche
Queso de gratinar (opcional)

Preparación:

-Trocear bien las bazofias varias.
-Poner algo (no demasiado) de aceite en un perol, sofreír las bazofias, a ser posible con alguna especia al gusto.
-Añadir un puñado de Harina, irá empapando el aceite y tomará un color parduzco, mientras en conjunto va tomando la consistencia de algo parecido a las migas extremeñas.
-Llegados a este punto ir vertiendo leche poco a poco sin parar de remover. Se irá formando un engrudo parecido a la bechamel. De la leche dependerá la textura, más líquida o más espesa. ¡Ojo con este detalle!
(Opcional)
-Echar el engrudo en una fuente para el horno.
-Dejar enfriar.
-Cuando se vaya a comer. Cubrir con queso de gratinar y darle un golpe de horno.

Notas del Chef:
-A pesar de lo que pueda parecer, es un plato simple y nutritivo.
-Si se deja enfriar un engrudo más bien espeso, después sirve como masa para croquetas, 100% caseras y bastante resultonas.
-Engrudos famosos son por ejemplo el de “pollo con patatas del asador”. Puedo dar fe de que está buenísimo y es una gran forma de aprovechar las sobras.

En otro momento pondré recetas más sanas. Esta es para ir abriendo boca.

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