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Posts Tagged ‘Cocina’


A pesar de que ya hace tiempo que terminaron las JMJ me presento hoy aquí con una recetilla que me quedé con las ganas de darle a probar al sumo pontífice, y que hará las delicias de cualquier incauto que se siente a vuestra mesa.

Los que me conocen saben que soy un forofo de la nouvelle cuisine y que, desde aquella vez que por accidente (*yao face*) convertí palomitas de microondas en balines de carabina, intento irme superando en lo que a matar la gusa se refiere. Pues bien, de tanto ver a Ferrán Adriá hacer chuminadas y de no aprender nada con los chistes de Arguiñano, llegó el día en que decidí hacer lo propio: aprender primero lo básico antes de pasar al nivel experto. Y eso me llevó a integrarme en un campamento de preparamiento intensivo de revueltos, donde aprendí el arte de revolver un huevo sin que se revuelvan mis tripas. Aquí empiezan las lecciones del maestro.

Benedicto (Equis Uve Palito) cuando le preguntaron que cómo de grande le gustaban. Los revueltos, claro está.

Ingredientes:

  • Huevo (los que sean, recomiendo uno por comensal)
  • Aceite de Oliva
  • Más cosas, ¡¡hay que darle sustancia!!
  • Sal, pimienta y especias al gusto.

Preparación:

  • En una sartén poner el aceite a calentar.
  • Sofreír la sustancia genérica que vayamos a echarle.
  • Batir el huevo.
  • Verter el huevo sobre la sustancia frita.
  • Revolver hasta que el huevo se ponga amarillito tipo tortilla francesa.

Consejos y truquetes:

  • Asegúrate siempre de que los huevos son frescos.
  • No importa realmente lo que revuelvas con el huevo, pero asegúrate de que podrás soportar la combinación de sabores.
  • El huevo es lo último siempre. Es lo que más rápido se prepara, así que asegúrate de que la sustancia está bien cocinada antes de echarlo.
  • Batir el huevo puede ser muy fácil o muy cansado. Las madres lo baten a la perfección en su platito y con ese repiqueteo de tenedor. Sin embargo, si tú vas con prisas, te recomiendo que lo eches en un vaso y remuevas con un tenedor o cuchillo. Es infinitamente más rápido y el resultado no dista demasiado.
  • No te pases con la sal.
  • Cuando esté todo en la sartén asegúrate de revolver bien, puede ocurrir que te queden mucha “costra” (huevo cuajado) por una parte y nada de huevo por otras.

Os habréis dado cuenta de que es fácil con maldad. Ésta, como la anterior, es una receta que sirve perfectamente para aprovechar las sobras de otros días o para acabar con el contenido de latas abiertas en frigorífico, etc. A pesar de todo, seguro que muchos coincidís conmigo en que hay un ingrediente que hace que un revuelto simplemente suba de categoría, y me refiero a la magnánima y santísima: a la patata frita.

Muchos estudiosos e ilustrados podrían definir el revuelto de patatas (o papas) como “aquella tortilla en la que se quedaron cortos con el huevo”, gran verdad, pero una tortilla española, campera, o como más nos guste simplemente no es lo mismo que un revuelto; las omelettes pa los gabachos. Por razones como esta, cuando hacemos un revuelto hay que hacerlo con estilo, y tenemos que buscar ideas que nos eleven al estatus necesario. Yo encontré la mía en un bar típico de mi ciudad, donde el andalusismo está arraigado y son unos maestros como pocos quedan. La idea en sí no tiene más tutía y debo decir que todos los no-andaluces que me han visto prepararla se han echado las manos a la cabeza, pero digo también que ninguno quedó descontento.

Pequeña anécdota: Andaba yo por Padua (Italia) con un grupo de españoles variopintos bastante hambrientos y decidiendo la cena. La gente decía “pasta” y yo era como “WTF! Llevamos 3 meses en italia, estoy de pasta hasta los cremásteres” y me decían “pues cocina tú” y yo decía “pues vale” y decían “pues no nos fiámos, ¿qué vas a hacer?” y yo decía “revuelto de papas” y contestaban “yo no frío, ni pelo, ni corto papas” y yo decía “no va a hacer falta” y se extrañaban “tú estás loco” y yo “qué te juegas” y contestaron “te pagamos to lo que bebas hoy” y yo… FUCK YEAH! Cuando me vieron salir del super con la compra y las patatas comprendieron su error. En efecto, lo que propongo aquí es hacer el revuelto con patatas CHIPS.

Cómo se nota que a Adolfito no le daban cosas de estas. Se le habrían quitado las ganas de conquistar Europa...

Revuelto Pontífice (para 2 personas):

  • 2 huevos.
  • un paquetillo de jamón a taquitos o bacon.
  • una latilla de champiñones, los escurrimos, ¿eh?.
  • un paquete de patatas.
  • Aceite de Oliva, sal y pimienta.

Pues lo mismo de antes. Hacemos el revoltillo. Primero el bacon, después champiñones y después las patatas. Las patatas las podemos machacar bien (dentro de la misma bolsa) antes de echarlas, depende de cómo de grande queramos el “tropezón”. Ahora elegimos el grado de dureza o crujientez de la papa, sencillo, con las patatas en la sartén las podemos rociar con un poco de aceite frío si queremos que se pongan “blandurrias”. Por último ya, la batida de huevo. Y TA-CHÁN, no os imagináis el cebollón que me pillé esa noche.

Otros revueltos a probar:

-Cowabunga: papas, peperoni, orégano, y cuando lo sirvamos le echamos mozzarella rallado por encima mientras está caliente.

-Octubre Rojo: papas, gambas, mejillones en escabeche (le echamos el escabeche y todo), tomate natural bien rallado, y albahaca.

-El empaste marino: papas, atún, melva, y paté de anchoas (se deshace con el aceite y queda muy suave).

Y ahora os dejo antes de que me vuelva a entrar hambre.

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Después de varias sugerencias de la mancha de cabrones que tengo por amigos y compañeros de redacción, me he animado a contarle al mundo como pasa el día a día una persona con la Inmunoglobulina E en modo Grand Theft Auto – sustituid a los inocentes peatones atropellados por una gran cantidad de sustancias, en teoría inocuas, y que mi organismo reconoce como miembros de Al-Qaeda -. O lo que es lo mismo, cómo trata el mundo, desde todos los aspectos, a un alégico avaricioso – más por la cantidad de alergias que por la calidad de las mismas.

En cada una de las entradas procuraré tratar una alergia en concreto y en esta primera parte comenzaré tratando una de las más jodidas, y por qué no, cómicas, de las que dispongo:

La alergia al pescado.

"Entonces tu eres más de carne que de pescado, ¿no?" Viva la originalidad de la gente

Procederé a aclarar una duda que parece tener todo aquel que se entera de esta alergia.  Efectivamente, soy alérgico a TODOS los tipos de pescado. Da igual que sea azul, blanco o gallego con chapapote, un simple despiste en cocina y un servidor acaba con sus huesos en Urgencias y llorándole al médico por una dosis de Urbasón digna de un mamut lanudo.

Esta alergia es, si cabe, más jodida teniendo en cuenta el lugar donde vivo. La provincia de Cádiz no es precisamente famosa por sus cocidos, sus venados y sus jabalíes, sino por el archifamoso Pescaíto Frito típico de ciudades como Sanlucar de Barrameda o Cádiz y que por supuesto acaban saturando los bares y restaurantes de esta bonita provincia. Y precisamente esto tiene una consecuencia directa sobre mí:

El Tapeo es un deporte de riesgo.

Evidentemente, podría ir al bar en cuestión y limitarme a aquello que sé con seguridad que no me mata. Pero aquí llega lo peliagudo y que no todo el mundo piensa – es más, aun no he encontrado a ninguna mente lúcida que llegue a esta conclusión usando la sencilla lógica -. ¿Quién me asegura que el aceite con el que han cocinado mi delicioso filete de ternera no ha sido usado previamente para una merluza? ¿Cómo sé que el cuchillo con el que han cortado el tomate de mi ensalada no fue utilizado para descuartizar una sardina? Y esto es extensible a cualquier restaurante y a cualquiera de mis alergias, con lo cual tiendo a recurrir a la solución más obvia y sencilla.

Si me apetece comer, a mi puta casa, y así me ahorro jugar a la ruleta rusa con un boquerón en vez de un arma.

Y hasta aquí llega la primera parte de una laaaaaaaaaarga lista de artículos que tengo pensado hacer – tantos como alergias tengo -. Sólo me queda añadir una cosa:

Donde esté un buen filete de ternerica recién matada, que se quite todo el pescado del mundo.

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Para aligerar un poco los servidores de Wikipedia, me parece de licencia comenzar diciendo qué es un Ortoréxico.

Se define como ortoréxic@ a la persona que consume alimentos que considera saludables o buenos. Podemos meter dentro de este cajón de sastre desde las madres engañadas por el actimel a los veganos que no comen ciertas cosas por ideología. En muchos casos puede llegar a ser dañino, peligroso y mortal. Hasta el punto de que la Ortorexia Nerviosa ya se comienza a plantear como un trastorno alimenticio al nivel de la Anorexia Nerviosa de la cual todos hemos oído hablar.

Pasando este pequeño -y espeluznante- preludio, me confesaré como ortoréxico amateur y comilón de los que no quedan. Y porque pienso que la salud, la ecología y el buen comer no deben estar enfrentadas; hoy comienzo este manual, para dar pistillas, secretillos o hablar sobre algunas cosas que nos pueden ayudar a la hora de hacer nuestra propia dieta.

En esta primera entrega del MBO hablaremos de algo de lo que nuestros bisabuelos no tenían por qué preocuparse: los OMG (no, no son los OhMaiGods)

Este kiwi actuó como agente doble durante la guerra fría y la guerra de Vietnam. Murió cuando unos franceses volcaron el cargamento en que se encontraba hace unos años.

Los OMG (Organismos Modificados Genéticamente), conocidos entre el populacho como “transgénicos”, son bacterias, animales, vegetales, hongos, cosas vivas en general, manipuladas por el hombre a nivel genético con la finalidad de darles propiedades que no poseían anteriormente; tales como fosforescencia, crecimiento acelerado, resistencia ante pesticidas, posibilidad de vivir sin cabeza, patas extra, baja agresividad, sabor a yogur, etc.

Planta de Tabaco que brilla como las Luciérnagas. Pall Mall se plantea sacar la variedad "Pachá" para fumar en las discos de Ibiza.

Existe gran polémica en lo referente a la utilización de este tipo de organismos, ya sea para el consumo directo del ser humano o indirecto (tipo, vaca come pienso transgénico y tú comes vaca). Si bien los alimentos transgénicos pasan gran cantidad de controles por la OMS (Organización Mundial de la Salud), son demasiado “nuevos” en el mercado como para conocer los efectos a largo plazo sobre el bienestar de una persona. Por otro lado, una de las cosas que defienden las organizaciones ecologistas y los detractores del uso de este tipo de organismos es que, impepinablemente, estamos introduciendo en la naturaleza especies vivas que antes no existían. El impacto ecológico es seguro, aunque no se puede decir rotundamente que sea dañino.

De todas formas (y volviendo al tema que nos atañe) podemos afirmar con seguridad que estas especies modificadas genéticamente, estos X-Men de las hortalizas, son más fruto de gente con bata y laboratorios ultra modernos que de bonachones granjeros con sus tejanos y su espiguilla entre los dientes. Convirtiéndose automáticamente en archienemigos de los amantes de la comidilla ecológica, entre los cuales me encuentro. Archienemigos que son jodidamente difíciles de evitar. Pues aunque la legislación obliga a hacer constar en las etiquetas de los productos la presencia de OMGs, no es especialmente estricta en lo que se refiere a la presencia de OMGs en la cadena de producción de los alimentos. A groso modo, obliga a decir si la ensalada que compras lleva soja transgénica pero no si la vaca comió soja transgénica o la lecitina usada como emulgente de la salsa provenía de una soja transgénica.

Por esto último, es muy fácil encontrarse desorientado a la hora de querer eliminar los transgénicos de la dieta. Para hacer la labor más simple, existen documentos en los que están reflejados los alimentos que contienen o no este tipo de productos.

Tanto si somos defensores del poder de la ciencia humana sobre la naturaleza, como de lo contrario, yo recomiendo que cada cual se informe y se haga una opinión lo más completa que pueda. Yo por mi parte ya me he posicionado. Y para todos los demás os dejo un link a la mejor clasificación de marcas según el uso o no de OMGs, confeccionada por Greenpeace: la Lista Roja y Verde. El concepto es bastante sencillo: si una marca es capaz de certificar que no hay transgénicos en la cadena de producción de sus productos, va a la lista verde; si se niega a certificarlo, reconoce que usa transgénicos, o a pesar de negarlo se encuentran transgénicos en sus productos, va a la lista roja.

Lista Roja y Verde de Transgénicos de Greenpeace (5ª Edición), con un pequeño panfletillo propagandístico e informativo. Para todos los que quieran sacar los OMGs de su dieta.

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Pasó una vez, hace cierto tiempo que llegaba yo a casa después de unas prácticas que terminaron ligeramente tarde. No pensaba que fuesen a tardar tanto, así que entré sin comer. Y cuando salí de ellas tenía el hambre de CONAN (véase un hambre bárbara), y pocos cuartos en el bolsillo. No tenía posibilidad de comer fuera de casa, y rezaba por tener suficiente comida al volver.

No fue así, tenía algunas sobras del día anterior, un blíster de taquitos de jamón, y algunas sobras de otras marranadas universitarias. Entonces recordé haber visto a mi madre hacer algunas cosas ricas en casa. Y así nació esta receta.

Ingredientes:

Bazofias Varias
Aceite de oliva
Harina
Leche
Queso de gratinar (opcional)

Preparación:

-Trocear bien las bazofias varias.
-Poner algo (no demasiado) de aceite en un perol, sofreír las bazofias, a ser posible con alguna especia al gusto.
-Añadir un puñado de Harina, irá empapando el aceite y tomará un color parduzco, mientras en conjunto va tomando la consistencia de algo parecido a las migas extremeñas.
-Llegados a este punto ir vertiendo leche poco a poco sin parar de remover. Se irá formando un engrudo parecido a la bechamel. De la leche dependerá la textura, más líquida o más espesa. ¡Ojo con este detalle!
(Opcional)
-Echar el engrudo en una fuente para el horno.
-Dejar enfriar.
-Cuando se vaya a comer. Cubrir con queso de gratinar y darle un golpe de horno.

Notas del Chef:
-A pesar de lo que pueda parecer, es un plato simple y nutritivo.
-Si se deja enfriar un engrudo más bien espeso, después sirve como masa para croquetas, 100% caseras y bastante resultonas.
-Engrudos famosos son por ejemplo el de “pollo con patatas del asador”. Puedo dar fe de que está buenísimo y es una gran forma de aprovechar las sobras.

En otro momento pondré recetas más sanas. Esta es para ir abriendo boca.

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