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Posts Tagged ‘homenaje’


A muchos nos ha pasado en más de una ocasión que, escuchando la radio, viendo la tele, o hablando de algo, una sensación peculiar se ha instalado detrás de nuestras orejas diciéndonos “esto me suena a jierro”. Y muchas veces no es que, realmente, conozcamos el fenómeno de antes sino que se trata de un homenaje, algo “con influencias de” o un cover que tan de moda está.

No voy a entrar a hacer juicios de valor sobre las actuaciones de algunos miembros del ámbito creativo actual, pero sí voy a aprovechar un ejemplo con el que me encontré hace poco y que me dejó cuanto menos divertido durante unos días.

Todo empezó cuando un día long long time ago, buscando música de Final Fantasy, dí con el proyecto “The Black Mages”, el cual consistía en una reinterpretación mucho más metalera de los temas clásicos de la saga. En concreto por aquél tiempo tenía en la cabeza un tema del videojuego Final Fantasy IX, que me hacía gracia principalmente por el nombre. El tema en cuestión se titulaba “Vamo’alla Flamenco”. La gente dirá lo que quiera pero a mí eso me sonaba a italiano, y no fue hasta hace relativamente poco tiempo que algún guiri políglota explicó en los comentarios de youtube que el título era castellano perfecto y significaba “Let’s go Flamego!”, así que deduzco que la intención original del autor sería “Vamoh allá Flamenco”. También me encontré numerosos comentarios que decían que la canción no tenía un carajo de flamenco y que blah blah blah -orgullo patrio- blah blah blah -yo soy más castizo que tú- blah blah blah. La cosa es que yo que tuve la suerte de criarme con mi abuela cantándome fandanguillos, no era mujer de estudios pero era cantaora (que no cantora) en su pueblo. Y a mí el soniquete me sonaba a rabiar, de modo que decidí investigar más sobre los orígenes de la versión. Mala fue mi sorpresa cuando me enteré que uno de los integrantes del grupo era el mismísimo Nobuo Uematsu, compositor de la inmensa mayoría de las bandas sonoras de la saga Final Fantasy. De modo que mi investigación concluyó dando con un tipo que pasa su tiempo versionándose a sí mismo (¿qué?¿alguien ha dicho Fito?¿no? Lo habré soñado…). Pongo a continuación las versiones de las canciones de Black Mages y Uematsu para que se os meta el soniquete en la cabeza antes de continuar.

Cualquiera que tenga un poco de culturilla podría llegar en un momento dado reconocer que de manera remota parece que algún deje gitanillo sí que le dan las castañuelas y los compases. Pero que flamenco, lo que se dice flamenco, no es.

Con todo y con eso, como si fuese el típico niño perdido de película que sólo se acuerda de la melodía que le cantaban de chico, yo estaba convencido de que a mí mi abuela me había cantado esa canción; lo cual carece de sentido a no ser que mi abuela tuviese un DeLorean, el cuál espero que no sea el caso pues ya podría habérmelo dejado en herencia. Total que durante años seguí dándole vueltas al tema, imaginando la voz de mi abuela en su senectud cantándome con este ritmo las palabras “yo tengo un tío en América, yo tengo un tío en América…” (volved a poned la melodía principal mientras lo repetís). Y mi abuela, que depuraba desparpajo por cada poro de su piel, había bebido en este caso de la mayor embajadora del flamenco a nivel internacional en el último siglo: Lola Flores.

Lola Flores “La Faraona”, quien según algunos doctores de la cultura popular ha desbancado a la mismísima Cleopatra al definirla acertadamente como “Faraona de nariz peculiar”. Ha sido, sin duda alguna una de las personas que más ha hecho por extender la cultura flamenca y gitana fuera de nuestras fronteras (aún sin ser ella pura de raza sino “entreverá”). Actuó numerosas veces en los Estados Unidos, siendo una de estas de donde se extrajo la famosa crítica, tras el estreno de su obra ELLA en el Madison Square Garden, que rezaba “No sabe cantar, no sabe bailar, pero no se la pierdan”. Lola Flores hizo giras a lo largo y ancho del mundo, lo cual justifica que fuese una de las embajadoras de la cultura española en la Exposición Universal de Nueva York de 1964, motivo para el cual rodó un videoclip muy particular con una canción un tanto obscura para el ideario común español, la canción se titulaba “América”.

Y todo comienza a tomar un poco más de sentido, si lo canta La Faraona en la expo, es flamenco, sí o sí. O al menos eso es lo que debió pensar nuestro gran amigo Uematsu cuando decidió inspirarse, como queda bastante claro (creo) en esta interesante performance de nuestra embajadora cultural.

Y también aquí cometió nuestro amigo un fallo de erudición -quiero pensar-, al atribuir esta canción a La Lola. Si bien desde que se grabó ese video en el 64 ha llovido mucho, y es una versión que se ha llegado a popularizar (de ahí que mi abuela la cantara), no todo el mundo sabe que el origen de la canción poco tiene que ver con las cuerdas del Pescailla.

Llamo mi atención la primera vez que busqué este vídeo concreto, que el título rezaba “Lola Flores – West Side Story”. Lo cual, torciendo mi ojete, me instó a profundizar mi investigación. Resulta que West Side Story es una versión yanqui de la historia de Romeo y Julieta de Shakespere (otra historia que es a su vez versión de versiones… ad infinitum), un musical de Broadway que se estrenó en 1957 y que trata de dos bandas callejeras una autóctona y otra de inmigrantes puertorriqueños. Una de las escenas refleja un debate interno que tiene la pandilla de latinos sobre lo maravillosa que es la vida en “la tierra de las oporotunidades”, como diría Papa Ratonovich, o la opresión del capitalismo en contraposición con la vida caribeña. Muchos habréis ya deducido cómo se titula la canción.

En este punto dejé de investigar, y no se si aquí acaba la cadena de versiones o sigue y sigue hasta cantos chamánicos de tiempos de los piedrólares. Lo que quería hacer ver con este pequeño ejercicio de reflexión histórica es que si no sabemos los orígenes de lo que hacemos, adoptamos, o en lo que nos basamos. Podemos terminar teniendo un grupo de heavy japonés poniendo raíces flamencas en la versión de la versión de la versión de una canción que escribieron unos estadounidenses para que la cantasen unos puertorriqueños, y que nada tiene que ver en origen con la cultura del cante jondo.

Así que como dirían los guiris “credit is where credit is due” (“hay reconocimiento donde reconocimiento se debe”).

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