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Posts Tagged ‘ovoalbúmina’


Fecha de publicación del Diario de un Alérgico: Parte I: 6 de Agosto de 2011.

Si, lo sé, han pasado casi 3 meses en los que muy probablemente podría haber publicado cuatro o cinco entregas más, pero la realidad es que aquí un servidor se confiesa vago, maleante y borracho. Dicho esto, procedo a entregaros las 2ª parte de las desventuras de vuestro Hipersensible de tipo I favorito con un nuevo invitado especial: La ovoalbúmina, proteína de huevo, o la cosa pegajosa y amarilla que está dentro de la cáscara y que echáis en la sartén, el nombre que le queráis dar me es totalmente indiferente.

El Enemigo

Y es que, cuando te confiesas públicamente como alérgico al huevo, una marabunta de gente, a medio camino entre asombrada e indignada, te rodea acribillándote con la misma pregunta: “¿Pero entonces nunca has probado la tortilla de patatas?”. No señores, no. Nunca he probado la tortilla de patatas. Tampoco contemplo como posibilidad darme un festín de tortilla en el momento de un teórico suicidio, como ya se me ha sugerido en más de una ocasión.

Aplíquese esto mismo con el huevo frito (cabrones, que sois una mancha de cabrones).

Pero aquí no acaba la cosa. La alergia al huevo es posiblemente una de las más traicioneras a la hora de mi relación diaria con los alimentos que ofrece el mercado actual. Pensad en cualquier alimento elaborado que consumáis a lo largo del día. El 90% de las pastas que venden en los supermercados lleva huevo. No digamos nada de la bollería. Es más, cualquier tipo de alimento previamente elaborado puede sorprenderte con el uso de huevo en el lugar menos esperado – Campofrío no quiere que disfrute de la mozzarella, y por ende de sus pizzas -. Esta situación se eleva a la enésima potencia cuando mi intención es la de comer fuera de casa y, por supuesto, no tengo ni la más mínima idea si al restaurante en cuestión le habrá dado por usar productos mata-alérgicos en la elaboración de su menú.

Y debo dar gracias por no haber nacido en EE.UU.

Claro que, siendo realistas, no puedo evitar agradecer en cierta medida que esta situación sea así. Los lectores deben de saber sobre el que escribe que, aparte de los adjetivos aplicados al inicio del artículo, es un gordo mental de dimensiones lovecraftianas. Y digo gordo mental porque precisamente mi alergia al huevo me impide saturarme de dulces, tartas, helados y demás basura culinaria, que de otra manera me habrían llevado casi inevitablemente a una situación de obesidad poco saludable.

Y hasta aquí llega la segunda entrega del Diario. Espero que os hayáis reido tanto a mi costa como suele hacerlo mi entorno cercano y prometo volver a publicar cuando me salga de mis alérgicos cojones, que al menos los míos no me matan.

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