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Buenas de nuevo tasqueros, hoy os vengo a hablar de cierto fenómeno que se da en la madrugada del fin de semana y que posiblemente tu hayas sido participe en él.

Cuando llega el fin de semana uno empieza a maquinar los planes para la noche, aunque la mayoría de las veces llegamos al mismo denominador común: beber. Y es que elegir el bebercio, a menos que vayas de bares, supone de cierto análisis previo; aunque la verdad, la mayoría de las veces en el mismo supermercado o tienda habitual te decantas de manera improvisada nada mas echarle un ojo a las estanterías.

Entre los alcoholes destilados siempre se suele tirar de los clásicos como son el ron, whisky, ginebra y vodka; a ser posible marca blanca, que no todos los días va a ser navidad. Cerveza y vino tinto también tienen su estatus de bebida idónea, ciego guarro y barato donde los haya. La lista es extensa y adecuada a cada gusto, ya cada uno elige sus armas y como emplearlas.

 

Así que nada, llegas al lugar acordado y te dispones a empezar la batalla. Siempre es aconsejable buscarse una pareja para tal menester; no gastas tanto y eso te da dinero extra por si se tercia acabar la noche en el garito mas sucio o en el McAuto mas cercano para recogerte engloriao del todo. Y aquí surge el problema, la noche va pasando y ves como la botella se va vaciando de manera alarmante. En un primer momento hasta te da igual y continuas albergando esperanzas de que te de para toda la noche, pero llega el momento en el que la botella está completamente vacía y tú quieres mas. Para esto hay una gran solución llamada marisqueo.

Bueno, no es así del todo

 

El marisqueo tradicionalmente se define como la actividad consistente en la captura y recogida de marisco. Esto en el mundo de la noche tiene un significado parecido, cambiando eso si la palabra marisco por bebidas alcohólicas.

Los lugares habilitados para el consumo de alcohol son un continuo flujo de gente yendo y viniendo, eso se traduce a que la mayoría de las veces por no ir acumulando basura en el maletero del coche o cargándolo a cuestas, la gente abandona lo poco que queda de sus botellones. Esta labor es mas suerte que técnica, aunque el marisqueo requiere de cierta experiencia; no se suele ser el único en esas condiciones de buitreo nocturno, otros pueden llevarse tu ansiado botín. Un experimentado mariscador puede hacer perfectamente botellón de barde si se las apaña bien.

Lo mas habitual es encontrarse botellas de vidrio con apenas un dedo de contenido, el truco es que haciendo sumas puedes conseguir una cantidad considerable de alcohol huérfano. No se puede garantizar que todo lo que encuentres sea el mismo tipo de alcohol, y mucho mas remoto es encontrarlo de la misma marca. Es una técnica que tiende a la mezcla de muchas bebidas y ciegos epopéyicos. De entre las botellas con poca cantidad que puedes encontrar  nos topamos con Ron Almirante y John Cor, las bebidas reina de los botellones a precio módico. A veces puede caer la breva y encontrarte con bebidas mas selectas como pueden ser Cacique, Barceló, Absolut Vodka, Beefeater, Ballantines y marcas que suelen rondar los 10 euros; muy raras de ver con una cantidad superior a un dedo.

Mariscadoris Canis

Lo de las cantidades de contenido en botellas no es algo estadístico, una buena noche puedes conseguir restos como para seguir haciendo botellón a ritmo normal y otras veces no encuentras absolutamente nada. Aunque lo mas habitual es encontrar muchas pequeñas cantidades también se han dado casos de encontrar botellas con una muy buena cantidad y no solo de marcas blancas. Es mas propicio este último tipo de hallazgos en fiestas colectivas como ya puede ser fiestas de la primavera, barriladas, ferias, navidad, etc. Os aseguro que con estos últimos mencionados se pueden llegar a marisquear cantidades enormes de alcohol, un buen amigo de la Tasca se dedicó una feria a esconder grandes botines en matojos para el día siguiente; todo un maestro del etanol y el ahorro.

Os quiero dar  como consejo que siempre que salgáis de marisqueo procuréis encontrar botellas con el tapón de seguridad, así nos garantizamos que lo que bebemos no está adulterado con fluidos corporales y otras tonterías. Como por desgracia las marcas blancas son las mas habituales de encontrar nos vamos a ver la mayoría de las veces con botellas sin este tipo de tapón, pero oiga lo gratis es gratis y sabes que te la juegas. También cercioraros bien de que la botella no le pertenece a nadie para evitar males entendidos y la etiqueta de yonki del área. En cuanto a refrescos y hielos proveete de cuanto quieras, es la mala yerba de los botellones.

Tu ves basura, yo veo un mundo de posibilidades

Además con el marisqueo nos comportamos como una bacteria descomponedora que va saneando a su paso,sacando de la falta de higiene de los demás un beneficio. Se propicia también el ejercicio físico y mental, aumentando la intuición y el trabajo en equipo. Una sana actividad al aire libre con un fin bastante insano, ¡marisquead con precaución mangurrianes!

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Darte cuenta de que estás en uno de los lugares más frecuentados de Sevilla haciendo botellón con Martini con hielo y vaso de cristal te hace asumir que tus buenos años hace tiempo que se fueron.

Y precisamente en torno a esta reflexión surgió la idea de este post. Aclaro la idea. Si a todos nuestros queridos, adorados, y en el 90% de los casos conocidos lectores, les hicieramos una encuesta acerca de si beben o no, o responden que sí o mienten sin ningún tipo de piedad. Quiero ver yo aquí al guapo que me diga que no usa como excusa “es que es fin de semana” para meterse entre pecho y espalda una botella con alcohol de dudosa calidad. Yo debo reconocer que no usaría el fin de semana como excusa. Me da lo mismo que sea sábado o martes. Pero no voy a meterme por esos derroteros, la idea que impulsó este artículo es que todo borracho tiene su origen, y voy a intentar reflejar las etapas por las que pasa con la mayor coherencia posible – y siempre con la experiencia propia como base -.

Procedamos.

De 0 a 12 años: A todos nos daban un culito de champán nuestros padres en fin de año. Los pobres incautos no podían imaginar que  en ese inocente sorbo estaba la semilla de una futura y peligrosa afición a los cubatas.

De 12 a 16 años: Los hay que empiezan un poco antes, los hay que empiezan un poco después, pero la realidad es que en este rango de edad se produce el primer y tímido ataque al órgano hepático. Durante esta etapa se recurre al socorrido ciego tempranero, es decir, quedar con tus colegas a una hora comprendida entre las 6 y las 8 de la tarde, porque en el mejor de los casos tienes que estar a la 1 a.m. en tu casa, y como alguno de tus progenitores te detecte el brillito del alcohol en las cuencas oculares te puede caer la de Dios. Por supuesto, durante esta época, quizá por el poco crítico ejemplo que tomas de tus mayores, le tienes el suficiente respeto al alcohol como para ahorrar durante la semana y comprar botellas de calidad mínimamente aceptable – J&B, Negrita, y Malibú con Piña en el caso de las chicas.

De 16 a 18 años: Cuando estás al borde de la mayoría de edad te crees que te comes el mundo. Esta edad es especialmente importante porque supone la primera toma de contacto – suponiendo que no te haya dado por tirar tu vida por la borda con unos años de antelación – con el amplio mundo de drogas que suele acompañar al consumo masivo e irresponsable de alcohol. Seamos sinceros, a no ser que dediques tu vida a la oración o que decidas orientar tus pasos por el ridículo mundo del “straight-edge” – ni bebo, ni me drogo, ni follo sin que me digan que me quieren -, esta edad suele ser el pasó a la Primera División del comportamiento acabado. Como mínimo estrenas tus pulmones con hierba o hachís – aunque este caso concreto suele tener un debut bastante precoz -, pero no serán pocos los que empiezan a tontear con las drogas de diseño. En cuanto al alcohol, en un vano intento por aparentar más edad de la que se tiene dedicas una cantidad insultante de dinero en comprar primeras marcas, siendo en este caso Jack Daniel’s, Brugal y Absolut unos compañeros de borrachera acojonantes. Sobra decir que aquí se produce el primer acercamiento a las únicas bebidas que te acompañarán el resto de tus días: la cerveza y el tinto.

De 18 a 25 años: Repasemos. Llegados a este punto llevas una media de 8 a 10 años bebiendo. Las primeras borracheras, intoxicaciones y comas quedaron atrás, y hace tiempo que dejaste de buscar el lujo en beneficio de la efectividad y el ahorro – papá y mamá te han cortado el grifo y a no ser que encuentres un trabajo vives de las sobras -. Es precisamente durante estos años cuando se descubre el maravilloso mundo del que a partir de ahora llamaremos “alcohol de mierda”. Los supermercados de tu barrio descubren ante ti el peligroso abanico de posibilidades que ofrece el alcohol barato. Y Mercadona y Carrefour se convierten en tus principales aliados. John Cor, Almirante, Disscount, Loch Castle, Knebep, Yacaré… Da igual si te gusta el whisky, el ron o la ginebra, si sabes dónde buscar tendrás un bonito y efectivo botellón en el que apenas tedrás que invertir 5€. Además, con la llegada o proximidad del primer cuarto de siglo se hace la primera gran escisión en el universo del bebercio: litrona en el parque o caña en el bar. No son dos opciones necesariamente incompatibles, pero la preferencia por una u otra opción depende en gran medida de la disponibilidad económica del borracho en cuestión.

Hasta aquí llega esta primera reflexión sobre todo lo que nos metemos entre pecho y espalda según la edad que tengamos. En la próxima – y última – parte del artículo detallaré la evolución definitiva que sufre el aficionado a las bebidas espirituosas, y quizá la más temida por todos:

El Pureta.

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