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Posts Tagged ‘Saga’


Pese a que ya han pasado unos cuantos meses desde su publicación en nuestro país, no quisiera dejar de compartir las impresiones que una relectura me ha provocado respecto a esta trascendental historia, que supone un punto de inflexión ( o así nos lo  venden) de la raza mutante

¿Pero esto que es lo que es?

Patrulla X: Cisma es una historia narrada en 4 one shots a modo de “prologo” y una miniserie de 5 números.

¿De que va?

La historia comienza con Lobezno acompañando a Ciclope a hacer una petición ante la ONU para que todos los Estados que cuenten con tecnología Centinela la desarmen. Como no podía ser de otra manera, el evento será saboteado. En concreto por Quentin Quire, un personaje recuperado de la histórica etapa de Morrison y que viene a ser un adolescente con enormes poderes psíquicos, además de un capullo con delirios de grandeza. Las acciones de este chaval provocan una reacción global en contra de los homo superior con un despliegue de robots Centinelas en cada país.

Quentin Quire tocando las pelotas. Con esas pintas estaba claro que no tramaba nada bueno.

Seremos testigos de como, incluso habiendo sido reducidos a unos 200 y obligados a formar su propio país en el exilio , el miedo y odio que  profesan los humanos a los mutantes no ha llegado todavía a sus limites.  Acorralados por las circunstancias, los personajes tienen que tomar decisiones drásticas que provocaran cambios y conflictos para culminar en la división en dos posiciones  enfrentadas e irreconciliables; lo que vendrían a ser una “Civil War” mutante.

El dilema principal de la historia es que papel deben tomar los habitantes más jóvenes de Utopia en el conflicto ¿Deben poder luchar si así lo aceptan o si es necesario, o deben ser protegidos a toda costa? Ciclope y Lobezno serán los que, respetivamente, defienda cada posición  en un relato que no se decanta por ninguna opción y dejan que sea el lector quien valore los pros y contra de cada postura.

Por su parte, ambos personajes siguen una coherencia con lo que en los últimos tiempos nos han ido contando de ellos. Desde que los mutantes de todo fueran diezmados,  Ciclope ha sentido sobre sus hombros el peso del  destino de toda su especie y ha tenido que recurrir a medios y aptitudes que en su tiempo habrían sido rechazadas por un Scott más joven e idealista ¿Hasta que punto puede aguantar sin convertirse en una encarnación de esos mundos apocalípticos que tantas veces hemos visto, donde salvadores de los mutantes dicen hacer las cosas por el bien común mientras se sientan sobre una pila de cadáveres? Desde luego aquellos que sigan pensando en Ciclope como un pusilánime indeciso, siempre a la sombra del profesor Xavier deberían echar un vistazo a la evolución del personaje en los últimos años.

En la esquina contraria, Lobezno empieza a estar harto de tener que tragar con las draconianas decisiones del flaco y más aún cuando eso empieza a suponer usar niños como soldados en una guerra. Admito que soy uno de esos a los que la sobre explotación de Lobezno ha terminado por provocarme bastante rechazo al canadiense, pero puedo admitir cuando saben hacer que sus argumentos y acciones parezcan consecuentes y no una mera maniobra de marketing. El garras tiene que erigirse como el líder que nunca ha sido y lidiar con un papel para el que nadie le ve capacitado ; y es precisamente esto lo que utiliza el guionista para captar nuestra  atención. Y lo hace para bien.

¿Pero es que nadie piensa en los niños?

Siendo los jóvenes el epicentro de la historia, había que darles voz en esta trama. Aunque podemos ver a casi todo el plantel de estudiantes de la Patrulla dando su opinión, los guionistas han optado por encarnar el dilema en un personaje en particular. Esta tarea recae sobre Idie, una joven presentada en la última (y enésima) colección centrada en las juventudes mutantes: “Generation Hope”. Esta chica funcionará como catalizador del conflicto entre Logan y Scott a la par que es un personaje que recuerda a una Tormenta primeriza, (y no solo por el color de su piel) por ser alguien tremendamente alienada con el resto del mundo. ¿Su desconcierto y pesimismo es el futuro que le espera a las próximas generaciones portadoras del gen X?

Idie en acción

Curiosamente, el papel de antagonistas en las sombras también recae sobre unos niños. Y es que en estos números asistiremos a la presentación de una nueva encarnación del Club Fuego Infernal que resulta tanto un acierto como un golpe de frescura. No deja de ser irónico que mientras los X-men intentan salvar a unos críos, sean otros los que intenten hacerles la puñeta.

Esos locos bajitos…

La edición española

En nuestro país, la saga ha ocupado 4 grapas con el nombre de “Patrulla X: Cisma”: las 3 primeras dobles y la última siendo un número triple. Hay que advertir que solo los números 3 y 4 contienen la serie propiamente dicha, mientras que el 1 y el 2 recopilan los anteriormente mencionados “one shots” de “Preludio al Cisma”. Cada entrega de este prologo esta centrada en Ciclope, Lobezno, Xavier y Magneto, respectivamente, suponiendo n repaso a sus trayectorias vitales hasta el momento de la narración. No dejan de ser unos meros sacacuartos que aportan poco o nada a la historia y un buen ejemplo de material que Panini ha de encasquetarnos donde pueden porque si no, no se los compraría casi nadie. Mi consejo es que si estáis interesados, os ahorréis los dineros y compréis directamente los números 3 y 4 de la edición española

Los perpetradores

El apartado gráfico de la serie merece mención aparte, con un plantel de dibujantes de excepción compuesto por: Frank Cho, Alan Davis, Daniel Acuña, Adam Kubert y Carlos Pacheco. Todo un repaso al pasado y presente de los artistas relacionados con la Patrulla X que, pese a su diversidad de estilos, logran ofrecer un aspecto consistente a lo largo de la historia. Tengo que reconocer que, aunque nunca he sido muy fan de Davis, aquí se luce con algunas escenas de acción espectaculares.

Por su parte, la narrativa corre a cargo de Jason Aaron, que ya ha demostrado que sabe manejar a Lobezno en su serie homónima. Nos ofrece una trama con un buen ritmo y que, a diferencia de lo que viene siendo habitual en estos casos, no se alarga innecesariamente. Su mayor baza es saber plantear un dilema moral de aquellos que son la marca de los mutantes, a la par que sabe llevar de la mano de manera natural a Lobezno y Ciclope en estos tiempos en que sus roles de lideres les llevan a cambiar sus actitudes y comportamientos. Si tuviera que recriminarle algo seria la indulgencia que tienen ambos con Quire.

Resumiendo:

Asi queda repartida la familia X tras el Cisma

Desde luego, no todo lo que se ha publicado de los X-Men en los últimos años ha tenido un buen nivel, pero no es el caso de esta saga. Aquí tenemos una lectura interesante y entretenida, apta tanto para fans de larga trayectoria como para lectores poco familiarizados, pero interesados, con los mutantes. Supone además un buen punto de partida para los que quieran subirse al carro, ya que a partir de aquí veremos la escisión del grupo en dos series: la señera Uncanny X-Men (Patrulla X en España) se centrará en el grupo de Ciclope, mientras que Wolverine & the X-Men (Lobezno y la Patrulla X en la lengua de Cervantes) nos mostrará el camino que tomarán Logan y sus seguidores.

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La valla estaba cada vez más cerca, pero también lo estaban los 4 mastodontes que iban tras él.
Pedro esquivaba árboles y tropezaba con piedras cada dos por tres, los pulmones los tenía a la altura del gañote.

– Venga, Pedro, cohone, que parece un viejo – Se decía a si mismo.
En uno de los tropiezos, cayó al suelo, con tan mala suerte que se dió en la mano del anillo y se hizo bastante daño.
– ¡¡Loh muerto der cacharro mierda ehte!! – Gritó

Consiguió levantarse y seguir corriendo, pero los miuras le habían cogido ventaja, estaban más cerca de lo que a Pedro le gustaría. Corrió y corrió en pos de su valla salvadora, con los toros a punto de alcanzarle.
– Ar caraho Pedro, si ya me decía mi pare que la hente de ciudá no traen na bueno, a ve quien te mandaba a meterte en fregaos, tontolculo.
Y justo cuando estaba a punto de pararse y liarse a guantazos con los miuras si hacía falta… una  potente luz le cegó y el sonido del claxon de un coche retumbó. Mientras Pedro se cagaba en todo lo cagable, los toros dieron media vuelta y huyeron, asustados por el repentino ruido.

Nuestro querido protagonista saltó la valla, jadeando, y se acercó al coche que le había salvado la vida con toda la intención de lamerle las botas si hacía falta a su salvador… hasta que vió que dentro del coche estaba Don Manuel. Su cara pasó de una amplia sonrisa a ser la reencarnación de Rambo matando charlies.

– Hombre Pedro, veo que sigues de una pieza, quizá el termino “vaquilla” no fuera el más apropiado.
– ¿¿¡¡MEVIACAGAENTOPEROUSTÉESTALOCOQUECARAHOLEPASAENLACABEZA!!??
– Relájate, hombre. Esto era solo una prueba para ver si podíamos confiar en ti, y has demostrado con creces tu valía.
– ¿Que valía ni que niño muerto hombre? ¡Uhtede ehtán locos hombre! Mandarme a mi a corré delante de 4 bicharracoh… ¡A criá cabra lo mandaba yo a uhté y a toh zus amigoh, a ve zi ze dehpeñai por ahi, hombre ya!
– Venga Pedro, que no ha sido para tanto, ahora mismo vamos a que te duches, te damos ropa limpia y todo lo que quieras de comer y de beber, sin límites.
Nuestro amigo estaba tan cansado que ni siquiera tenía ya ganas de discutir, y la idea de una ducha y poder comer y beber hasta reventar le parecía la mejor del mundo.
– Vamos, sube al coche que te llevo.

Pedro entró en el coche y se sentó, sudando como un cerdo, lleno de arañazos y con toda la cara de matar cachorritos.
– Menos mal que le diste al anillo, sino no hubiera llegado a tiempo.
– ¿Er ké? ¡Ah, er cacharro ehte!
Después de intentarlo varias veces (estaba bien encajado), se quitó el anillo y se lo tiró a Don Manuel.
– Tome uhté zu anillo con zuh muertoh.
– Venga, ¡que ya eres uno de los nuestros! Póntelo y quita esa mala cara, que ya verás como mañana
estás mucho mejor.
Pedro gruñó y masculló entre dientes todo tipo de improperios mientras se volvía a poner el anillo.

– Mañana tendremos una reunión contigo, y te explicaremos todo lo que necesitas saber y lo que debes hacer, esta vez de verdad – Dijo Don Manuel – Y mira, si quieres, mañana vamos a la plaza y te dejo que torees a una de las vaquillas – rió.
– Con tol rehpeto der mundo, Don Manué… váyaze a tomá por culo.

CONTINUARÁ…

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La sonrisa de Don Manuel no le inspiraba mucha confianza, ese gesto le recordó a la Josefina tiempo atrás; sabía que algo le estaba ocultando.

– Primero ponte el anillo Pedro, una vez que te lo coloques eres uno más. Pero bueno, eso ya te lo han explicado antes. Vamos, que el tiempo es oro.

– ¡Ehto no entra! – Decía Pedro mientras se estrangulaba el dedo índice intentando ponerse el anillo. – ¡La víhen! Yo me cagon…

Don Manuel miraba con asombro como el cateto maldecía y empujaba el anillo hacia abajo sin conseguir resultados, era todo un espectáculo. Al cabo de los 10 minutos Pedro se lo pudo colocar en el meñique, ¿como le podía llevar tanto tiempo a una persona caer en cuenta de ello?

– Yo no zé pa quien estaba penzao este anillo, vaya dedos mah inútiles par campo. Zi es que la hente de ciudá… ojj No valéis pa nah cohone. Yo llego a nacé fuera de mih tierra y… – Pedro se calló al ver a Don Manuel llevándose las manos a la cabeza mirando al suelo – ¿Te paza argo Maestro?

– Me está entrando dolor de cabeza solo de escucharte Pedro. Por lo que mas quieras, abre el sobre de una vez y lee el contenido. Perder el tiempo así es un lujo que no nos podemos permitir.

A regañadientes, Pedro, abrió el sobre. Se encontró una foto con un mensaje detrás, el cual decía: “Nosotros apostamos por un mundo mejor, lleno de sabiduría y moral. Como todo iniciado debes de demostrar tu valía. Libéralas”. Giró la foto, salía un gran cartel: Reserva del cuero.

– De ahí salen la mayoría de los grandes toros de la historia del toreo Pedro. Son jóvenes, vaquillas pequeñas que no suponen peligro alguno. Esa es tu misión, abrirles el cerco y dejarlas en libertad.

– Pero Don Manué, ezo me pareze a mi que a una gran figura der toreo como eh usté tambien le perhudica, ¿noh? – Un torero queriendo liberar toros, no cuadraba.

– Pedro, ahora las preguntas sobran. Grandes cambios acontecen. Tú limítate a hacer lo que se te pide y luego ya vendran las respuestas. – Le espetó.

Hiodeputa, pensó Pedro.

– Vamos Pedro, te acerco. Pero recuerda, discreción y seriedad. Si en algún momento te surge un problema solo tienes que pulsar el anillo, eso nos dará una señal GPS para que te podamos localizar.

– ¿Gepeké?

– Nada, Pedro. Tu solo entra y haz tu labor. El resto ya lo hacemos nosotros.

Llegaron al lugar bien entrada la tarde, apenas se veía.  Don Manuel le hizo el gesto de que bajara del coche y se colara en el recinto. “Te espero mas adelante”, dijo.

Pisó unos cuantos zurullos hasta llegar a la barrera. Prendió la linterna y fué campo a través en búsqueda de las vaquillas, no deberían de andar muy lejos. Sobre esta hora dormirán placidamente.

– Güeno, por lo menoh estoy en er campo. Que ziempre ze echa de menoh – Decía Pedro a sí mismo mientras paseaba en la oscuridad.

Escuchó a sus espaldas movimiento, por lo que se giró a ver si había dado ya con las vaquillas. Y acertó. Salvo que no eran vaquillas, eran autenticos miuras de entorno 600 kilogramos. En concreto 4 individuos.

Pedro corrió como alma que lleva el diablo, pisando mas zurullos que nunca. Los miuras también se animaron, y cada vez eran mas persiguiendo al pobre Pedro que notaba ya como le ardía los pulmones de tanto esfuerzo.

– ¡El cerco! ¡Seguro que Don Manué esta ner coche esperandome! – Gritaba Pedro mientras la estampida se le echaba encima.

CONTINUARÁ

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Perico conducía atento a las indicaciones de Don Manuel hasta que llegaron a los portones de un cortijo. Cuando el coche estuvo cerca, Don Manuel abrió la ventanilla para responder a una voz que salía de no-sé-donde y que sobresaltó al bueno de Pedro.

-¿Don Manuel, es usted?¿Pero no se supone que iba para…? -preguntó la voz dubitativa.

-Pues ya ves que no, ¡lumbreras! Abre los portones y ve preparando los videos que vamos a tener que hacer la reunión desde casa. -La voz de Don Manuel sonaba como la de un sargento de la mili, de esas a las que como le levantes la voz un poco estás en el calabozo hasta que se seque el batisterio de la catedral.

Perico creyó escuchar un “como ordene, señor”, pero no podría asegurarlo pues los portones se empezaron a abrir con un estruendo anacrónico que le dejaron con el ojete torcío. Pisó temeroso el acelerador y condujo lentito hacia el caserón sin atreverse a mirar cómo se cerraba la cancela. Cuando se paró el coche salieron al instante un par de criados bien peripuestos a hacerse cargo del coche, de Paco y del abrigo de Don Manuel, quien se dirigió hacia adentro con gesto serio y determinación; aunque se detuvo exasperado al ver que Perico no le seguía.

-¿Pero quieres venir, hombre de dios, para que te explique tu trabajo?

-Zí, enzeguía, zeñó. Lo que paza eh que claro veía yo ar zervicio ahí y digo yo po tendré que quedarme con elloh y aprendé er oficioh- contestó el pueblerino algo cohibido.

-Tú no pienses demasiado, y en lugar de eso estate bien atento a lo que está apunto de ocurrir.

Don Manuel pasó por varias de las habitaciones y bajó algunas escaleras hasta que llegó a una puerta robusta de madera, la abrió e invitó a Pedro a entrar.

La habitación era lo más raro que había visto Perico en los años de su vida. Una habitación grande, con una mesa grande y cara, con sillas caras forradas de terciopelo y telones de terciopelo colgando por toda la habitación. La habitación estaba oscura, así que no alcanzó a ver bien los grabados y motivos que se repetían, pero juraría que había un dibujo que se repetía por todas partes.

-Toma asiento pedro- Le dijo Don Manuel con una voz que le erizó los pelillos de la nuca.

Perico habría levantado la voz y soltado un “¡tu a mí no me hablah así pó mi mae de mi arma me cago en mih muertoh que nó!”, pero algo en su interior decidió que era mejor callarse y sentarse.

Al poco de sentarse se encendieron varios proyectores que daban a varias de las paredes, y mostraron una cuenta regresiva, como la de las películas. “¿Po no ma traío ehte ar cine? Ehte ehtá shalao…” pensó Perico mientras dedicaba un vistazo de soslayo a Don Manuel, que se había puesto ropas ceremoniales de color vino “y encima se me disfraza de cura… ¿aydió ande ma metío?”. Al terminar la cuenta atrás apareció el dibujo que había notado repetirse pero en grande, y después personas con pose de dar el telediario. Algunas caras le sonaban a rabiar, de películas, del periódico, del parte, y otras no le sonaban ni le sonarían al más culto de los españoles de entonces. Todos llevaban el mismo simbolito en sus respectivos disfraces de cura, iguales que el de Don Manuel. Un ojo en un triángulo (ahí es ná).

-Manuel -comenzó uno de los curas de la película ante el asombro de Pedro-, ¿qué haces que no estás con nosotros en la reunión?

-He tenido una serie de imprevistos, así que tendremos que continuar la reunión de este modo- “¿po no le ehtá hablando ahora a la pinícula?” se extrañó Perico al escuchar hablar a Don Manuel -De todas formas, aquí tengo conmigo lo que habíamos acordado.

Los hombres del cine intercambiaron palabras entre ellos hasta que uno alzó la voz.

-¿Éste es el elegido? Tú. Preséntate.

Hizo falta que Don Manuel le mirase inquisitivamente durante un rato para que Perico entendiese que “los del cine” se dirigían a él. Y hasta entonces le constó luchar contra el pensamiento de que hablarle a la pantalla era de tarado del todo.

-Yo… Me llamo Perdro Sánchez Frutoss -comenzó Perico intentando ocultar con esfuerzo su acento, entendiendo que estaba frene a audiencia refinada -naturá de Benaocazz y pastó de ovejass de vocasión y profesión. Cuando era mozo…

-Suficiente- le interrumpió una de las voces. – Lo has hecho bien Manuel, al fin podemos comenzar el plan.

-Pedro- continuó otro de ellos -, a partir de ahora serás nuestros ojos y nuestros oídos. Nuestra posición es demasiado elevada como para mezclarnos con el vulgo pero tú pasarás muy bien por el pueblo llano. Irás de ciudad en ciudad, aprenderás de la gente de a pié y, mientras cumplas tu misión, no te faltará de nada.

-Llevarás el sello de la orden para que los nuestros te identifiquen y bajo ningún concepto osarás contradecirnos. Haz como decimos y tendrás más de lo que cualquier persona puede desear en vida. Recibirás tu primera misión en un sobre en cuanto termine esta reunión si tu actual patrón está de acuerdo. ¿Manuel?

-Estoy conforme.

-Así sea…- y se apagaron los proyectores.

-Pero qué caraho… -comenzó a decir Pedro por lo bajo cuando sonó el timbre.

A los pocos segundos un criado entró en la sala con una bandeja, portando un sobre que rezaba: “Para Don Pedro Sánchez Frutos” con el sello de la orden y un sello de oro junto al sobre, un sello con el mismo símbolo. Perico fue a abrir el sobre. Pero antes se giró a ver a Don Manuel.

Don Manuel sonreía…

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–         Bueno, Perico ¿Te ha quedado clarinete el tema, no?

Le preguntó Carlos.

Perico apenas acertó a asentir mientras agarraba fuertemente su garrota con ambas manos. Ante su gesto dubitativo, el chaval prefirió repetirle el plan:

–         A ver: tu te esperas detrás de esta esquina. Cuando el tal Don Manuel vaya a coger su coche salimos nosotros y hacemos el paripe de que vamos a atracarle. Tu apareces con la garrota, nos despachas a todos y quedas como un heroe delante del matador ese, asi seguro que te devuelve el curro. ¡Pero ojito con pasarse con los mamporros, Perico, que nos conocemos!

–         Que zi, que zi…¡No preocuparzu de ná que no me he caio de un guindo cohone!

Pero pese a sus esfuerzos por intentar mostrarse sereno, Pedro preveía que algo de aquel plan tenia que salir mal. Además, no le caía nada bien intentar mentir a un grande de los ruedos como era Don Manuel…¿Pero que otra cosa podría hacer, al fin y al cabo? Su destino reposaba ahora en las mugrientas manos de aquellos punkis.

–         Troncos, que ahí sale ya el pavo ¡Todo el mundo a sus puestos!

Avisó uno de los músicos.

Apostados desde la esquina del parking, vieron al diestro abandonar uno de los edificios cercanos. Atravesando el solitario estacionamiento, el torero se dirigió hacia su coche. Los miembros de Chihuahua Postilla le hicieron un gesto a Perico para que esperase agazapado el momento de intervenir, mientras ellos mismos se preparaban para entrar en acción. Una vez el objetivo estuvo situado junto a la puerta de su coche, los crestosos hicieron su aparición, irrumpiendo en escena. Mientras se acercaban al interfecto con gesto chulesco, Carlos comenzó a decir:

–         ¡Viejo! ¿Qué tal si te enrollas y nos sueltas todo lo que lleves encima? Y no te nos pongas tonto, a ver si vamos a tener que enfadarnos…

Asomado desde la esquina, Perico pudo observar perfectamente como todo el plan se iba al garete: Antes de que los punkis pudieran reaccionar, Don Manuel, que ya había abierto la puerta de su coche, sacó un pequeño aparato negro con el que golpeó a Carlos en el pecho antes de que este pudiera reaccionar. Mientras una descarga eléctrica recorría su cuerpo desde sus zapatillas roídas hasta la punta de su cresta, el joven solo podía apretar los dientes. Cuando el resto de la banda quiso darse cuenta, todos habían corrido la misma suerte y se encontraban en el suelo convulsionando (si bien no era la primera vez que Perico los había visto en tal situación, aunque esto solo salía ser tras alguna de sus legendarias noches de parranda).

En menos de un minuto, Don Manuel los había despachado a todos y se había montado en su coche para salir del recinto a toda velocidad.

Una vez más Perico contemplaba como sus esperanzas se desvanecían por culpa del infortunio. El plan para recuperar su empleo se había ido a la mierda irremediablemente ¿Es que era su sino acabar siempre desgraciado y solo?

Repentinamente, un grito ahogado y un frenazo, provenientes de la calle, le sacó de su ensimismamiento. Instintivamente, nuestro gañan echó a correr hasta alcanzar la salida del parking.

Al doblar la esquina vio al diestro, que se había apeado de su vehiculo, y que echándose las manos a la cabeza miraba con ojos desorbitados a un bulto que yacía en el asfalto. Lentamente Pedro se acercó hasta que reconoció al infeliz…

–         ¡Paquito! ¡Ay, Paquito!-

Pedro echo a correr hasta alcanzar a su sobrino, que habia recibido el impacto del coche. El pobre chaval estaba tirado con cara de lelo, que no mejoró cuando su tio lo zarandeó salvajemente mientras se lamentaba.

–         ¿Es usted el padre de la criatura?

Perico cesó el llanto un momento para girar la cabeza hacia el torero, que le habia dirigido las palabras.

–         No no, yo zoy zu tio ¡ Ay la que me va a cae zi ze ha degraciao el chaval!

–         Pero espere un momento…yo a usted le conozco ¿No es ese energumeno que…?- Inquirió Don Manuel con el ceño fruncido. Subitamente, su gesto se suavizó mientras una idea empezaba a germinar en su cabeza- Mire, en realidad el golpe no ha sido para tanto. Un susto más que otra cosa…Estoy seguro de que podemos arreglar esto como unos señores…¿Verdad? ¿Qué le parece si vuelvo a contratarle y aquí no ha pasado nada?

En la cara de Perico se dibujo una sonrisa enorme, mientras seguía zarandeando al pobre Paco.

–         Ay ¿de verda Don Manue? ¡Po claro que zi! ¡Zi eto ha zio una tonteria de na! ¡Peores golpe en la mollera me lleve yo cuando shico y a mi no me ha pazao na! ¡Eto ze le paza ar crio con un lingotazo!

–         Bueno, pues montelo en el coche y vamos para mi casa que lo pueda atender mi criada.

Ordenó el torero.

Una vez en marcha, Paco seguía con los ojos en blanco y la lengua fuera, Manuel continuaba con el gesto preocupad y Pedro con una sonrisa idiota, feliz de que por fin la fortuna pareciera sonreirle. A fin de cortar el hielo, intentó entablar conversación:

–         ¿Güeno, y entonze…vuervo ar trabajo de chofé como teniamo penzado?
Don Manuel le irrigó una mirada enigmática y dijo:

–         No,no…me temo que ahora que la naturaleza de nuestra relación ha cambiado usted se ha convertido en el hombre indicado para un trabajito que tengo que hacer…uno muy especial…

(CONTINUARÁ)

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– ¡Coño! ¿Pero ese no es Perico?

Nuestro amigo se encontraba llorando como un niño pequeño al que le acaban de decir que se llevan su corderito al matadero cuando escuchó una voz muy familiar al otro lado de la calle y que parecía curtida por años de consumo de alcohol de dudosa calidad.

– ¡Pedro! – Carlos, el cantante del grupo de punk al que había conocido Perico tiempo atrás estaba asomado por la ventanilla lateral de su furgoneta, junto con el resto de sus compañeros -. ¡Como no hay sitios en este mundo donde podrías estar y nos encontramos en la puta Barna!

Perico se acercó a la furgoneta, todavía con los ojos llorosos, y con cara de no entender demasiado bien lo que estaba viendo. Claro que, una vez estuvo a centímetros de la furgoneta del grupo, su cara cambió por completo.

– ¡YO ME VI A CAGÁ EN TOA VUESTRA PUTA MARE! – casi se le salían las venas del cuello -. ¿VOHOTRO OS CREÉI QUE ES NORMÁ QUE ME DEHEI TIRAO COMO UN PERRO EN ARANHUÉ, MARICONA?

Pedro agarró la cabeza de Carlos – no por nada en especial, es el que le pillaba más cerca – y empezó a chocarla repetida y enérgicamente contra el salpicadero de la  furgoneta al grito de “¡MARICONA, QUE SOI UNAH MARICONA!”. El resto del grupo se abalanzó casi de inmediato para ayudar a su compañero, pero teniendo en cuenta que Pedro era un hombre curtido a base de años de pastoreo y que ellos llevaban 2 años de resaca acumulados, puede comprenderse que tardaran un par de minutos en separarlos. Cuando consiguieron quitar las zarpas de Pedro de encima de Carlos, el salpicadero tenía una abolladura comparable a la que le empezaba a asomar al cantante de “Chihuahua Postilla” en la frente.

– Joder, Perico, tío, ¿estás loco o que te pasa? – el conductor, el chico de las barbas del que aún no sabía su nombre, fué el primero que reunió el valor para decirle algo a Pedro -. Que lo has dejado inconsciente, cojones.

Y era cierto. Carlos estaba inconsciente y con un hilillo de sangre descendiéndole por la frente.

– Loco dice er tío – la indignación de Pedro no descendía, pero si su arrebato violento inicial -. Loco estai vohotro, que me dijihtei de quedá y no aparehístei.

Los siguientes diez minutos de conversación se pueden resumir en un intercambio de opiniones, con los músicos tratando de justificarse por no aparecer en el momento en el que quedaron con Pedro, y el susodicho acordándose de todos y cada uno de los miembros de la familia de los diferentes miembros del grupo. Justo cuando Perico dejaba en paz a los familiares y empezaba a cagarse en Dios, Carlos recuperó la conciencia.

– Vale, vale, Perico, ya nos hemos enterado de que te jodió mucho que nos rajáramos – Pedro no entendió una palabra, pero supuso que era una disculpa -, pero cuéntanos, ¿que narices haces en Barcelona?

No sin antes soltar un par de improperios más, Pedro comenzó a relatarles la odisea que había vivido hasta llegar a Barcelona, y cómo lo había fastidiado todo al confundir a Don Manuel con el inútil de su sobrino.

Los “Chihuaha Postilla” se miraron entre ellos, y justo después Carlos le dijo:

– Perico, tío, móntate en la furgo que vamos a compensarte por lo de Aranjuez – uno de los que iba sentado detrás le abrío la puerta -. Dime dónde se está quedando el tal “Don Manuel”, que vamos a hacer que te devuelva el curro.

– CONTINUARÁ –

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La jornada había empezado con un pequeño susto que se había tornado en alegría, por lo que nuestro héroe se encontraba muy feliz en esos instantes, viendo además que su día no iba sino a mejorar pues iba a conocer en persona a uno de sus ídolos de toda la vida de dios.

-Güeno Paquito, amo a matá er tiempo ehperando al maehtro, cuéntame argo entretenío que ehtoy mah nerviozo que una cabra ante de parí-

-Pues bueno Pedro, perdón, Perico, a mi que quieres que te diga pero no me gustan mucho los toros. Yo se que mi – Pedro interrumpió a su sobrino emitiendo una decena de insultos e improverbios propios de las más elevadas obscenidades que no reproduciremos para evitar pesadillas a los lectores.

-¡PERO QUE COÑO DICE PAQUITO!,  ¿Cómo no te van a guhtá lo toro hombre de dioh? ¡Si el arte conmáh arte de toh loh arte artíhtico! Oju que dihguhto, ¡Ya verá como se entere tu pare!- Era evidente que todo el buen humor se había esfumado dejando paso a una tormenta visceral que se abría camino a pasos agigantados, agrietando toda su cara en una mueca de mala ostia gaditana.

-Eh eh, quieto parado ahí Perico, que yo no te he insultado… Yo lo siento mucho, pero es que me parece aburrido, además de una crueldad para los pobres toros- El chiquillo se veía claramente intimidado. Los matones que le robaban el bocadillo eran una mierda pinchá en un palo al lado de su tío.

-Aburrio… Abu..¡ABURRIO TUH MUERTO A CABALLO NIÑO! Ira… mejó cállate, cállate… que a la familia hay que querehla por mu tontorculo que zean y hemo empezao con er peó pie pozible. Ira vete allí ar mesón mah cercano y traeme argo pa quitarme er dihguhto-

-Pero tito, mi padre no me ha dejado dinero y no se sí…-

-¡QUE TE VAYA ESHANDO LESHE COHONE!- El joven aprendiz de gruísta huyó despavorido ante ésta última reprimenda temiendo que la poderosa mano de Pedro se estampase en su cara. Pedro intentó relajarse para ponerle su mejor cara a Don Manuel así que se puso a rebuscar en el coche si había una revista o algo que alejara su pensamiento de las blasfemias acometidas por su sobrino.

Unos golpes en el cristal del coche le sacaron de su búsqueda, y pensando que sería de nuevo Paquito abrió la puerta con violencia y se levantó del coche vociferando.

-¡¡ TONTORNABO PERO NO TEDISHO QUE TE FUERA DE AHQUÍ CAGANDO OHTIA!!-Lamentablemente, no era Paquito el que se encontraba junto al Renault.

A Don Manuel se ve que no le hacía mucha gracia que sus chófers le gritaran, y a Pedro tampoco le entusiasmaba la idea de que las primeras palabras que le hubiera dicho fueran “Tontornabo”, por lo que procedió a disculparse repetidas veces. Lamentablemente, la afrenta ya estaba hecha.

-Caballero, no se exactamente quién es usted pero ya se está bajando de mi coche y alejándose de aquí si no quiere que llame a la policía- El Cordobés no se dejó engatusar por los “Ay perdoneme zeñó” de Perico, y finalmente éste desistió y bajo del coche. Don Manuel entró en él y cerró el pestillo, moviéndo el mismo el coche hacia la carretera y desapareciendo de la vista de Perico.

Pedro se sentó en el bordillo de la acera y comenzó a llorar como un descosío, pues temía haber perdido la oportunidad de su vida. Ahora veía claro que lo mejor que le había pasado desde que salió del pueblo hacía unas semanas, que le parecían meses, se le esfumaba de las manos.

Entonces, es cuando ocurrió lo impensable.

-CONTINUARÁ-

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Habían hecho una parada en algún pueblo maño dejado de la mano de Dios, pero por desgracia para nuestro héroe, había sido durante la hora de la siesta, tradición que Pedro respetaba como la misa de una recién enviudada, o el autoalivio de un adolescente quinceañero granudo antes de acostarse, así que cuando despertó ya estaban de nuevo en marcha. Sus compañeros lo habrían despertado pero se enternecieron al verlo dormido sobre la ventana del autobús con una mano agarrando fuertemente el posa manos de su asiento y con la otra a su propio miembro, posiblemente recreando en sueños aquella tarde en compañía de Josefina.

– Si es que cuando está dormido y no da una voz parece hasta bueno el tío- Dijo uno de los miembros de la cuadrilla- Además este es capaz de gastarse las primeras 25000 pesetas de una tacada a base de vino y revueltos de papas con setas como entre en la venta- Apuntó otro de sus compañeros. Así que lo dejaron en el autobús.

Cuando se despertó ya estaban llegando a Barcelona. El muchacho que se había acercado a él en la venta, se dirigió a Pedro cuando vio que su prolongada siesta había llegado a su fin. Antoñin, que así lo llamaban era un chiquillo enjuto, ataviado con camisa de cuadros, pantalón de pana jersey de rombos y una boina que ocultaba la incipiente calvicie que la edad hacía que empezara a manifestarse por su frente en forma de entradas.

-En cuanto lleguemos tienes faena Pedro, ¿sabrás conducir verdad?

-¡No via zabé!  Zi llevo to la vía conduciendo- Lo que Pedro no dijo es que su experiencia se basaba en tractores, pero eso no es lo que le habían preguntado.

-Estupendo, entonces nada más pare el autobús, coges el coche de Don Manuel y te vas a aparcarlo a un reservado que tenemos al lado de la Monumental, allí no entra el autobús y Don Manuel quiere descansar en el hotel en cuanto lleguemos a Barcelona.

-¡Er coche de Don Manué!- Pedro no se creía el privilegio que le estaban otorgando sus compañeros- Ozú chiquillo que me via cagá encima de la emoción y to- La sonrisa perenne de Antoñín se prolongó aun más si cabe tras ese comentario.

-Si, pero ten cuidado eh, le vaya a pasar algo al coche que lo pagas tú.

-No, no, tu tranquilo hoé, que yo te lo cuio como zi fuera mi niño shico.

Al poco rato llegaron al hotel donde se alojaba el torero. Antoñín se bajó del autobús y subió al momento con un llavero en sus manos.

-Ya sabes, a la Monumental, pregunta por el reservado para la cuadrilla del Cordobés y quédate por allí que el hostal donde nos quedamos nosotros está cerca y podemos ir andando. Ten siete ojos.

Pedro subió al coche, un Renault 12 y lo puso en marcha. Se sentía el tío más grande del mundo conduciendo aquel cochazo por Barcelona. De pronto vio algo que llamó su atención. Una tiendecita de recuerdos de Barcelona con todo tipo de artilugios inútiles pero que eran el antojo de cualquier forastero, así podrían decir “Mira donde he estao”. Pedro tenía que comprar algo de esa tienda sí o sí, pero…¿Cuándo iba a volver a tener tiempo para encontrar esa tienda y volver a su tierra con una figura de un toro o un imán para la nevera en el que pusiera en letras de colores “Barcelona”- O ahora o me queo zin ello- Pensó. –Ademá, zi ehta hente van a tardá un ziglo zeguro, me via ehtá allí ehperando como un carahote.- Estaba decidido, aparcaría un momento por allí, entraría en la tienda, compraría algo rápido y saldría. Nadie se daría cuenta.

Anduvo por la zona buscando aparcamiento pero no había manera. Dio una vuelta a la manzana a ver si con suerte alguien le regalaba su sitio marchándose con su coche, pero no hubo manera. Entonces vio un sitio bastante amplio acompañado de una señal que rezaba así “Sólo carga y descarga” estaba justo delante de la tienda de recuerdos. Así que Pedro, como buen español decidió que iba a descargarse y cargarse a sí mismo. Aparcó el coche y se dirigió a la tienda. Una vez dentro, un universo de colores y formas envolvió su mente. Camisetas con el letrero I (corazón) Barcelona, tazas, figuras de toros, imanes… Pero lo que llamó su atención fue la figura de una bailarina de flamenco que taconeaba sobre un pedestal en el que se leía el nombre de la ciudad en la que en ese momento y para su júbilo, se encontraba nuestro campechano amigo.

-Ehto par televizó- Dijo en voz alta. Cogió la figura y se dirigió al mostrador. Hizo la compra, 300 pesetas y salió de allí acordándose del coche aparcado ilegalmente.

Al salir, observó horrorizado cómo una grúa levantaba el coche del Cordobés y dos gruistas, uno mayor y otro que no parecía pasar de los 14 años,  anclaban un extraño aparatejo a las ruedas del susodicho automóvil.-Pero zi na mah he ehtao zinco minuto joé- Pensó Pedro para sus adentros, aunque en realidad no se dio cuenta de que habían sido veinte. Se dirigió al gruista con el rostro desencajado.

-Por favó, que ha zio solo un zegundito, de verdá que es el coche der Cordobé que lo tengo que aparcá en la Monumentá o zi no me cortan loh juevo.

-No habé aparcao uhté aquí, ¿no ha vihto que no ze pué?- Dijo el gruista de mayor edad.

El acento del gruista le sonó extrañamente familiar a Pedro, que olvidándose por un momento del coche le preguntó asombrado.

-¿De done eh uhté?

-Yo zoy de Ubrique ¿y uhté?

-Yo de Benaocá, me cago en mi via

-No me diga uhté ezo, que yo tengo familia allí, ¿Quién eh zu pae?

-Mi pare eh er Zebahtian, Zebahtian Zanche

La cara del gruista cambió por completo.- Pero zi Zebahtián eh mi tío, ¿tu como te llama?

-Yo Pedro, ¿Quién ere tú? ¿Tú que ere mi primo?-Pedro estaba alucinando.

-Ay me cago en mi via, Pedro, que yo zoi er Javié, ¡er de la Margari! ¿Qué ehtá haciendo tú aquí?

-Pue con loh de loh toro Javié, que me han contratao pa tréh corriah.

-Gueno gueno,  Pedro, que maravillozo verte aquí. ¡Niño, ven pa acá y zaluda a tu tío!- Le dijo al muchacho- Ze llama Paquito, lo tengo conmigo a vé zi aprende pero ehtá to negao. Oye, te lo podía llevá a ve zi lo de loh toro ze le da mejó, ¿A ti te importa?

-A mi no joe, que ze venga y aprenda, que por la familia lo que zea

El chiquillo llegó tras dar la vuelta a la grúa.

-Zaluda a tu tío Pedro niño, te vah a ir con él a trabajá con loh toro- Le dijo el gruista a su hijo

-Hola Pedro-Dijo el muchacho tendiéndole la mano. Pedro se la agarró fuertemente para saludar al muchachillo.

-Llámame Perico, Paquito, que zomo familia.

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Después de un par de días de un ajetreo intestinal del cual no hablaremos más, nuestro querido Pedro y su nuevo grupo favorito (los zagales parecían trigo limpio, aunque demasiado fiesteros quizá), Chihuahua Postilla, continuaron el camino a Madrid. Justo cuando nuestro alegre campechano empezaba a pensar que nunca en la vida podría imaginar tanta fiesta junta, Carlos (el cantante, aunque Pedro no sabía cómo podía cantar con la voz de beberse carajillos de 6 en 6 que tenía) tuvo una genial idea:

– Killo, ¿Y si nos vamos a Valdepeñas? Ya sabéis, el sitio este del vino.

– ¿Máh vino muchachooo? Ohú loh zagaleh de ciudá, chiquillo, zi ya me lo dicía mi pare… – Se quejó nuestro protagonista, más que asustado ante la idea de más alcohol entrando en su cuerpo.

– Venga, Pedro, ni que te hubiera pasado algo malo desde que estás con nosotros – Todos se miraron con risitas entre dientes.

– Bueeeno, ¡Pero una copa y nos vamos! – Accedió Pedro, rezando por que fuera asi.

Y allí que se fueron sin perder un segundo, con la suerte de que justo se realizaba la famosa “Fiesta del Vino”, lo cual le hubiera parecido demasiado destructivo para ser bueno a nuestro amigo Pedro… si no hubiera probado una cosa que los chavales llamaban “cigarritos de la alegría”. Sin duda no tenían nada que ver con los cigarros que se fumaba él cuidando las cabras. Nuestro amigo se sentía relajado, lo de su mujer quedaba ya lejos y el mundo le parecía un lugar maravilloso, incluso la perspectiva de ponerse hasta el culo de vino con sus nuevos amigos le parecía más que excelente.

Aparcaron la furgo, que de tanto traqueteo había pasado de negra a un tono grisáceo/amarillento y se dirigieron al ayuntamiento del pueblo, en el que una amable señorita les indicó que, comprando una papeleta, tenían una copa de vino gratis en cada bar del pueblo. A nuestro querido Pedro no dejaba de asombrarle que llamaran “pueblo” a eso…

– Zi ehta gente vieran mi pueblo… ezo ji que eh un pueblo y no ehto que eh… que eh… !!un viahe grande!!

-Jajajaja – Rieron todos – Pues espérate a llegar a Madrid, Perico, que te vas a cagar.

– ¡¿Otra veh me viacagá?! ¿Déhate eh? Que la úrtima veh por poco no me ze zalen los entistinoh ezoh, ¡¡que zoih toh mu graziozoh!!

– Ha sido un buen fichaje pal viaje ¿eh? – Dijo Carlos, y todos asintieron sin dudarlo un momento, con caras de maldad.

Entraron en el primer bar y, papeleta en mano, pidieron la primera copa. Pedro bebió, lo saboreó y dijo:

– ¡Ehto zi que eh un buen vino, zi zeñó!

Para entonces, Chihuahua Postilla al completo estaba ya esperándolo en la puerta, con las copas vacías. Soltando improperios que solo un buen andaluz curtido en el monte podría pronunciar, nuestro protagonista se terminó su copa, y así empezó una larga tarde de vinos varios, mucha gente y toda la capacidad de Pedro para aguantar el alcohol y la mala hostia. Después de unas cuantas horas y la mitad de los bares del pueblo, los compañeros de viaje iban más que contentos. Entraron en otro bar que había escondido en un callejón, que a Pedro le recordó a la tasca de su pueblo: pequeño, húmedo y un poco sucio, lo cual parecía encantar a sus amigos. Pidiendo la copa de rigor, a un lugareño de la edad de nuestro querido Perico le pareció gracioso el acento del susodicho… craso error:

– ¿Pero de dónde has salido, alma de dios? Jajaja – Rió, jocoso, el lugareño

– ¿Te conohco de argo? – A Pedro no le hizo ni la más remota gracia.

– ¿Cómo dices? Jajaja Es que cuesta entenderte, con ese acento que me llevas. A ver, cuéntame un chiste, que seguro que sabes.

Permitanme aclarar que, a estas alturas de la conversación, si juntamos la cantidad de vino en sangre, los dos días de la recién descubierta (para nuestro amigo) resaca y la mala hostia por el malestar, a Pedro no le hacía gracia que un desconocido, de ciudad además, se riera de él. Lo que ocurrió a continuación intentaré narrarlo con el mayor acierto posible, dado el caos que se formó.

En menos de dos segundos, el lugareño en cuestión cambió la risa castellana por un “ME CAGO EN LA HOSTIA” de proporciones astrales, justo en el momento en el que el puño de nuestro querido Perico, curtido por años de campo, se estrellaba contra su mandíbula. Al parecer, ni a él ni a sus amigos les hizo gracia el chiste (valga anotar que Chihuahua Costilla estaban riendo y aplaudiendo), porque se levantaron todos de sus sitios. Se iba a liar… y bien. Pedro no supo exactamente qué es lo que había pasado, pero en menos de 3 minutos había dejado al lugareño en el suelo, agarrado una silla y golpeado a todo lo que encontraba por delante, tantos años manejando un cayado contra vacas probaban ser una experiencia en extremo útil. Los acompañantes de nuestro amigo, viendo el percal, decidieron, después de soltar unas buenas hostias al estilo Punk, hacer algo muy punki también: Salir por patas del lugar. Agarraron a Pedro (a punto estuvieron de llevarse un sillazo por ello), lo sacaron del bareto y, corriendo como punki que llevan los antidisturbios, se metieron en la furgo y salieron a toda pastilla del pueblo.

– Joé, Pedro, como os las gastáis los de pueblo ¿eh? Jajaja – Rió Carlos

– No me hable… no me hable… que entoavía os doy.

– Relájate hombre, que no ha sido pa tanto. Además, no te preocupes, que después de ver lo que has hecho ahí dentro, no me pelearé nunca contigo. Anda toma, fuma de esto, marihuana de la buena, pa relajarnos un rato.

– Máh te vale… ¿Maria Juana? ¿Eza kien eh?

– Ehm… la que nos da los cigarritos, Pedro, anda, fuma y calla.

Y así nuestros amigos salían disparados de Valdepeñas camino de Madrid, con algunos moratones y una historia para contarle a los nietos mientras se reían de todo lo ocurrido y lo que estaba por ocurrir gracias a la inestimable ayuda de otra nueva amiga de Pedro… la tal “Maria Juana”.

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Y allí estaban ellos, Pedro Sánchez Frutos y Chihuahua Postilla rumbo a Madrid. Los viñedos, los rebaños pastando por toscas laderas… todo esto llenó a Perico de una extraña nostalgia, echaba realmente de menos la vida sencilla del campo.
De repente, su corazón, se puso a latir como nunca lo había hecho antes.

– ¡La vihen! – Exclamó – ¡Ma dao un calambre desde los cohone hasta las zoreja!
– Bienvenido a la vida hombre, estabas hace una hora como un perrete mojado – Comentó en tono de humor el copiloto, un joven que sujetaba una sonrisa bastante irónica.
– ¿Sabe de que mestá entrando gana? De achicar a una güena moza en un pajar, como en la fiesta der gorrino en mi pueblo – Dijo Perico a gritos – ¡Para en argun lao cohone!
– Una rave nos espera en un viejo cobertizo llegando a Sevilla. Tu sabes, para coger fuerzas para el camino.

– ¡De lujoh! – Dijo Perico sin tener la menor idea de que era una rave

Al cabo de una hora llegaron a aquel sitio. Era un campo bastante sucio y descuidado; los vómitos, compresas cremosas y condones usados adornaban aquel viejo suelo como la hojarasca que se pudre en otoño en las ciudades. Un repetitivo sonido agudo se iba haciendo mas grande conforme llegaban al lugar, al igual que la muchedumbre.

– Y ahora Perico tómate esto – Dijo el mismo joven de antes mostrándole lo que parecía un hongo deshidratado – Para hacer esto mas animado.

Y Perico lo ingirió. El sabor era una mezcla de amargo y ácido, lo que le produjo al tío una repulsión bastante grande. Cogió en su pecho una poderosa flema y lo escupió con la precisión de un Spetsnaz en una aplastada lata de Steinburg. Le llamó la atención, algo vió en aquella lata, pero se olvidó completamente de ella cuando los primeros efectos de la seta alucinógena afloraron al exterior.

Se miró las manos y estas parecían estar derretidas. De repente se le endurecieron como un engrudo y empezaron a deshacerseles en infinitos fragmentos. Perico, presa del pánico, se fue corriendo campo a través.

– ¡¿Pero a dónde vas tío?! – Le gritó uno de los jóvenes que le recogieron aquella mañana intentando alcanzarlo.

– Déjalo, es un genio incomprendido – Dijo otro mientras se cuarteaba un polvo con el carnet del club ColaCao.

Se encontró desnudo en medio de olivos mustios. Uno de los árboles tomó forma humana, y con un movimiento siseante se acercó a Perico.

– ¿Ande ando? Me perdío – Le perguntó Perico

La figura se quedó muda y alargó una de sus ramas hasta las gónadas de él. Le arrancó su aparato y se lo acercó a su boca, entonces empezó a tocar con él una salve rociera. Cuando la melodía finalizó todo empezó a darle vueltas, hasta que cayó en redondo.

Recuperó la conciencia y se encontró de nuevo en la furgoneta de los Chihuahua Postilla, estaba realmente desconcertado.

– Buenos días princesa – Le dijo el copiloto.

– ¿Qué ma pasao? – Preguntó mientras se palpaba su miembro. Comprobó que todo estaba en su sitio, así que se tranquilizó.

– Te encontramos abrazado a un cerdo, le estabas mordiendo la oreja y llorando. Estás como una puta cabra tío – Le respondió riendo

– La vihen…

Por fin salieron de aquel lugar, había pasado un día y Perico ni se enteró apenas. Un cartel que ponía “Sevilla” tachado con rojo le hizo caer en cuenta de que estaban de nuevo en camino hacia Madrid, cerró los ojos y durmió.

-CONTINUARÁ LA SEMANA QUE VIENE-

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