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Posts Tagged ‘tasca tio perico’


Me estreno por aquí (si, al fin) y no se me ha ocurrido mejor forma de empezar, como no, que hablando de series de televisión. En particular de los openings, esa introducción que aparece a veces para jodernos todo el clímax que nos había dejado esas primeras escenas del capitulo (cold opening que se llama, quizás algún día  haga un articulo de términos en televisión, o no, para que engañarnos… xD)

No siempre se da ese caso, y muchas veces buscan causarte una buena impresión con algo original, ya que es lo primero que veras y juzgaras de la serie en la mayoría de los casos. Hasta donde yo recuerdo todas las grandes series para mi, tienen un opening que intenta marcar la diferencia, sabes que lo has hecho bien cuando te parodian en alguna que otra serie (como The office en American Dad o Juego de Tronos en los Simpsons).

Algunos openings encajan mas en algunos tipos de series que en otros, están los que van a lo fácil y tiran directamente por una única secuencia con el titulo de la serie en algún tipografía especial. Normalmente son en series que siguen una trama medianamente complicada a través de la temporada, por lo que optan por rellenar ese hueco con un recordatorio. Ejemplos como Lost, Breaking Bad o 24.

En cambio en la ciencia ficción prefieren casi siempre un pequeño discurso grandilocuente acompañada de una gran banda sonora, como Star Trek  o Battlestar Galactica, donde una voz en off relataba la eterna huida de los Cyborgs y su sueño de encontrar una nueva tierra. Otro caso es la reciente Touch (la nueva serie de Kiefer Sutherland, protagonista de 24) donde la voz del niño protagonista contando sus habilidades se intercalan con las primeras escenas del capitulo, un resultado que funciona bastante bien.

También tenemos la mayoría de series procedimentales (las típicas series policiacas, de médicos o abogados, con un caso por capitulo) y alguna que otra sitcom, donde simplemente van presentando los personajes o bien con escenas de ellos o con imágenes relacionadas con la serie, alguna que otra intenta resaltar pero casi siempre caen en el olvido.

Pinchar en la imagen para ver opening

Por ultimo (aunque seguro que se pueden sacar mas tipos) están las que buscan la originalidad, y nos las podemos encontrar en cualquier serie, donde a veces crean demasiadas expectativas y la serie acaba siendo eclipsada por su opening, en casos extremos, diría que True Blood en las ultimas temporadas entraría en ese caso extremo.

Antes de terminar, quiero hacer una mención especial al opening de los Simpsons, esperar la secuencia del sofá es siempre lo que recuerdo de cuando veía esta serie de pequeño (en los tiempos en que se veía a las 8 de la tarde xD), y en el episodio 500 que no fue hace mucho, hicieron un pequeño homenaje a todos los gags del sofá, imperdible. Aquí el video:

Ahora si, como final a esta entrada he creado un top 10 (me encanta hacer estas mierdas XD) de openings, e intentando crear diversidad, porque la lista iba a ser de la HBO al completo.  Es opinión personal, seguramente muchos discrepen, pero es lo que hay xD (pinchar en los nombres para ver los openings):

TOP 10 Openings:

10 How To Make It In America

Hung

8 Homeland

7 Treme 

6 American Horror Story

5 Carnivale

Weeds

3 True Blood

2 Game of Thrones 

1 Dexter

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En principio tenía preparado desde hace tiempo sacar el Volumen I en relación a una serie de anécdotas graciosas que me han sucedido en la tienda. Pero hechos recientes me obligan a dejar ese recopilatorio para el Volumen II. Lo he escrito en modo narrativo porque me ha parecido bastante gracioso. Espero que disfruteis con el relato, un suceso por supuesto, real. Y por cierto, para el que no lo sepa, no sólo trabajo en la tienda, soy su propietario, xD.

VOLUMEN I:  “GOLFOS, BASTARDOS, Y COSAS ROTAS” (guiño)

Esta vez habían ido demasiado lejos, ninguna de las anteriores sonó tan fuerte como aquella; debió ser una patada. El golpe sonó como si un rinoceronte terrible hubierase desplomado sobre el cristal. Sin pensármelo dos veces salí corriendo tras los causantes de aquel golferío. Cuando apenas llegué a la calle, los dos niños ya iban unos 50 metros por delante en la carrera, pero, es en esos momentos cuando la adrenalina te supera y eché a correr como si huyera de un tsumani pisándome los talones. Los niños se habían perdido tras la primera esquina, pero tuve la sensación de que aquellos adolescentes ignoraban que yo habría salido detrás suya, de manera que esperaba encontrarles tras la esquina regocijándose por su fechoría.

Acerté; y tal fue la sorpresa de los chavales que sin dudarlo salieron disparados, corrieron durante algunas decenas de metros, pero les había cogido por sorpresa y les tenía prácticamente encima. La persecución llegó hasta el parque oscuro y lleno de arbustos que había frente a la tienda donde hábilmente, finté dejar de perseguirles, pero realmente me escondí tras un arbusto y esperé sin dejar de observarles. Cuando los jóvenes aminoraron la marcha sintiendo lejano el peligro, me aventuré sigilosamente de arbusto en arbusto, aprovechando la ventaja que la oscuridad me ofrecía al no haber farolas de ningún tipo en ese parque. Cuando menos lo esperaron, estaba encima de ellos, serían en total unos 7, y conseguí atrapar a uno de ellos.

– Te cogí, y tú ya no te escapas-. dije con un sonrisa fría de oreja a oreja.

Llevaba, tanto yo como mi socio, varias semanas soportando la insolencia de unos niñatos de entre 14 y 16 años que golpeaban el escaparate de la tienda y gritaban insultos a clientes y jugadores. Hasta que por fin cogimos a uno.

El muchacho intentó guardar la compostura, pero no podía evitar mostrar su nerviosismo. Le rodeé con mi brazo sus hombros para evitar posibilidad alguna de escape y noté aun más cuan histérico estaba debido a lo que temblaba su cuerpo entero.

– ¿Cómo te llamas?-. le pregunté sin acritud y en tono amistoso.

– Dani- me contestó nervioso-. ¿Dónde vamos?-.

-Ah, a la tienda por supuesto, no te preocupes. Has tenido mala suerte, te he cogido a tí -. Noté que esto iba a ser hasta divertido.

-¿Pero qué… qué vas a hacer? ¿Qué vas a llamar a la policía? -. preguntó aun más nervioso.

– Que vaaa, en absoluto, no te asustes que no tienes por qué.- exageré amistoso. Acompáñame a la tienda que simplemente vamos a hablar-. zanjé.

El trayecto de vuelta al negocio duró apenas medio minuto, suficiente para sacarle que él había sido uno de los que golpearon el escaparate.

-¿Quienes han sido los dos que corrían después de pegarle al cristal?-.

-No sé… ¿pero el qué? ¿cuándo…?-. Al pobre chaval debían fallarle las conexiones neuronales porque no conseguía decir nada con sentido.

-Mira Dani, yo he visto perfectamente quién ha sido, y sé que tú eras uno de ellos, reconócelo y créeme que será mejor- Me aventuré sin saber realmente la verdad.

– Sí, bueno, fui yo, yo lo reconozco porque yo soy sincero- Repuso el muchacho, nervioso pero con cierto aire galán.

-Bien, bien Dani, eso es lo que quiero, que seas sincero y me digas la verdad.

La entrada en la tienda debió ser un poco humillante para Daniel, pues ahora, en condición de preso, tenía delante a aquellos a los que antes había insultado. Allí todavía estaban algunos clientes y jugadores terminando el torneo en el que participaban. Dani debió sentir más de cinco pares de ojos acusadores en su rostro. Aun así, el joven mantuvo la compostura y se mostraba calmado.

La mencionada tienda.

Bueno Dani- comencé.- Si colaboras conmigo, yo te aseguro que aquí no va a pasar nada. Dime por favor tu nombre completo-.

-Daniel Gómez Carreño-.

-Ahora dime el nombre de tus amiguitos- Yo tenía una sonrisa en parte malvada, en parte amistosa, no quería asustar al muchacho.

-No… es que no lo sé…

-Vamos a ver Dani, no me mientas que es peor, piensalo bien y dime los nombres de tus amigos-. Le puse cara de “are you fucking kidding me” ?.

El detenido no tuvo que pensárselo mucho y empezó a soltar nombres y apellidos. En todo momento preguntando sobre qué pensaba hacer con ellos, a lo que siempre le contestaba -Nada en absoluto, sólo que si algún día pasa algo, pues tengo sus datos-.

-Ahora necesito que me des tu móvil ¿tienes móvil?.- Le tiré el anzuelo.

-No, que va, no tengo teléfono-. contestó picando el cebo.

-En ese caso Dani, necesito el número de tu casa o el móvil de tus padres.-

Se alarmó.

-¿QUÉ? ¿POR QUÉ? No, por favor, de verdad, además yo no tengo número de casa.

El rostro amistoso que le había regalado durante toda la charla desapareció con brusquedad dando paso a un ceño fruncido y labios apretados.

– Mira Dani, tú decides, o me lo das tú y colaboras situándote en mi bando, o llamo a la policía y le explicas a ellos todo lo que te pregunten.

-623123123-. recitó antes incluso de yo acabar mi frase.

-Esto es sencillo Dani, no tienes nada de lo que preocuparte, estamos hablando y listo. Yo quiero que tú me ayudes, y si me ayudas, te doy mi palabra de que a tí  te defenderé ante lo que pueda venir-.

-¿Pero tú vas a llamar a mi madre?-. cuestionó alarmado.

-Verás, la llamaré, pero sólo para comprobar que no mientes, necesito saber que este teléfono es de tu madre, ¿Cómo se llama tu madre?- me lo dijo- ¿Rocío? Bien, pues no te preocupes y escucha atento para que veas que no pasa nada-.

Aquello evidentemente tenía desconcertado al muchacho, su cabeza debió pensar “me ha hecho decirle los nombres de todos y hasta el teléfono de mi madre, a cambio  de encubrirme, y resulta que ahora está llamando a mi madre”. Lo cierto es que debió dudar si le traicionaría o no, pero para su agradable sorpresa, mantuve mi palabra.

-Hola buenas noches, ¿Rocío? ¿Sí? ¿Es usted la madre de Daniel? Ah, perfecto, descuide que no tiene nada de lo que preocuparse, le llamo desde una tienda, resulta que algunos amigos de Dani no paran de molestarme y estaba hablando con su hijo, sin ningún tipo de problemas, él no ha hecho nada, sólo le he pedido que me diga quiénes son y él ha accedido. Tan sólo le he pedido su número para corroborar que lo que el niño me dice es cierto. No, no se preocupe de verdad, ya le digo que no hay ningún problema y que Daniel no ha hecho nada, disculpe las molestias y buenas noches.

-¿Ves? ¿Te habrá parecido bien, no?- me dirigí hacia él mientras colgaba mi teléfono.

-Si…- contestó él algo más confiado. Sin duda me lo había ganado un poco más.

Si hubiera querido tomar represalias severas hubiera bastado con decirle la verdad a su madre metiendo incluso a la policía por medio, o llamando a ésta directamente y que se encargaran del pertinente susto. Pero a fin de cuentas ni me habían roto el cristal, ni eran delicuentes, sólo unos niños maleducados y algo vacilones. Durante toda la conversación con Dani me había convencido de que sería más divertido para mí, y mucho más suave para ellos el encargarme yo mismo de hacer justicia a mi manera, que llamar a sus padres o a la policía.

-Ya estamos terminando, amigo mío. Ahora solo voy a explicarte lo que vamos a hacer, es como una especie de juego. Digamos que yo ya sé que tú eres uno de los que me ha golpeado el cristal; pero estoy dispuesto a ignorar ese detalle, siempre que me digas los teléfonos del resto de tus compañeros…

-Pero yo no los sé, te lo juro- se atrevió a interrumpir.

-Lo sé, lo sé, te creo, por ello te voy a dejar unos días, tú no tengas prisa, piensa la mejor forma. Tú puedes salir “sin cargos” de todo este asunto, siempre que me digas lo que necesito saber de los demás. Acércate por aquí por la tienda la semanita que viene, asegúrate de que soy yo quien está detrás del mostrador y no mi socio, yo quiero que hables sólo conmigo.- El muchacho asentía en cada enunciado.- Y ya sabes que si no conseguimos a los demás, es con tu madre con quien hablaré, y es a ella a quien acudirá la policía si decido tomar recursos legales en estos actos bandálicos, a fin de cuentas eres culpable. Te ofrezco el mejor pacto que necesitas, ambos sabemos que has sido tú, pero si yo, que soy el que denuncia, te encubro, ya pueden acusarte tus compañeros todo lo que quieran que ya me encargo yo de convencer a tu madre de lo contrario; como acabo  de convencerte a tí ahora mismo de que hagas esto.

Sin duda, independientemente de como acabe la historia, Dani había pasado uno de los peores tragos de su corta vida, sin duda se había llevado una lección.
Le despedí estrechándole una mano en aras de conformar el trato. Trato que aceptó de buena gana.

-Dani, te advertiré una cosa, ahora cuando vuelvas a ver a tus amigos, estos, que no han pasado por lo que tú, se reirán y hasta incluso puede que se mofen de tí. Casi con total seguridad querrán volver, hoy, mañana o cuando sea, la aventura de golfear les llamará y propondrán repetirlo. Será ahí donde les convencerás de lo contrario, de que estoy muy cabreado y pienso llamar a la policía, y que es mejor no hacer nada más… Soy más listo que tú y tus amigos mil veces y no voy a consentir ni una jugarreta más.

-…Vale- concluyó con, seguramente, el deseo absoluto de salir de la tienda cuanto antes y respirar aire puro, sin nervios.

Salió por la puerta y ví cómo se alejaba, “aquello sería más que suficiente” pensé.

La historia pudo acabar ahí, pero sentí de nuevo la rabia que me obligó a no consentir que unos niñatos insultaran mi clientela; y mucho menos que intentarán burlarse de mis jóvenes amigos llamándoles “frikis hijos de puta” y corriendo calle abajo. Por que podrían tomárselo como un juego de a diario, y no lo iba a consentir. Esta vez se enterarían de lo que es bueno.
Una vez se adentró en el parque oscuro, a unos 60 metros de él y por la senda más oscura, salí siguiéndole escondido entre la maleza, moviéndome con sigilo de arbusto en arbusto, siguiendo los pasos de Daniel, quien tarde o temprano me llevaría ante al menos algunos de sus amigos. Y entonces les ví, estaban en un banco no muy lejano esperándole.  Estuve un tiempo callado, escuchando atentamente lo que decían. Básicamente estaban comentando lo sucedido, nada importante ni fuera de órbita. Noté que empezaban a moverse por lo que les sorprendí saliendo de detrás del arbusto.

Parque frente a la tienda

-Ni os asustéis, ni corrais-. Pedí sin éxito.

Todo ocurrió muy rápido, no me esperaban, había salido de la nada en cuestión de segundos. Y como si una banda de pajarillos se espantara por el disparo de un rifle, se desperdigaron por el parque. Y antes de reiniciar la carrera grité:

-¡Os he visto la cara a todos! Y os aviso ¡A alguno voy a coger!-.

De nuevo me veía corriendo con toda mi intensidad para cazar al segundo de los delicuentes, a quien no tardé en atrapar ya que se quedó algo rezagado.

Dani había hecho el intento de salir corriendo, pero lo había pensado bien llegando a la conclusión de que era inútil, a él ya le había pillado, y sacado toda la información. Correr solo despertaría más sospechas. Agradecí que se diera cuenta solito.

El segundo pescado del día estaba temblando, mucho, muchísimo más que el primero, respiraba entrecortadamente mitad por la carrera que acababa de pegarse, mitad por el miedo de haber sido detenido. Ni siquiera se atrevía a mirarme a la cara. Rebosaba de miedo; con éste quizás no fuera tan divertido, pero de una cosa estaba segura, éste seguro que no volvía a delinquir; el disgusto que llevaba encima era enorme.

-¿Dónde le llevas, a la tienda?-. Preguntó Dani mientras caminaba paralelo a mí y al chico.

-Sí, allí estamos más tranquilos-.le espeté.

-¿Puedo acompañaros? – Continuó.

-Te agradecería de buena gana que lo hicieras, así no dejas solo a este nuevo amigo para que se quede tranquilo y puedas decirle que no pasa nada, que no voy a comérmelo ni nada.

-¿Qué nos vas a seguir toda la noche?-. Reía- ¿Que nos vas a coger de uno en uno?-. Siguió preguntando el que ya tenía la lección aprendida.

-Si fuera necesario,  que no os quepa duda- Realmente me descojoné por dentro pensando en la idea de seguirles esa noche a todos uno por uno… cayendo como moscas. Reí. -Pero con vosotros dos de mi lado, no hará ninguna falta.

El nuevo cautivo estaba muchísimo más nervioso que el primero. Le tenía rodeado sus hombros con mi brazo derecho y sentía cómo su corazón casi le salía por la piel. Al llegar a la tienda,  Daniel optó por esperar a su amigo en la puerta. Me atrevo a insinuar que sintió respeto de enfrentarse otra vez a las miradas de mis niños, quienes seguían allí todavía.
Una vez dentro, comenzó el interrogatorio. Le pedí a uno de mis clientes que cerrara la puerta de la tienda, alegando que entraban mosquitos; verdaderamente era para que el niño tuviera un obstáculo si intentaba salir corriendo.

-¿Cómo te llamas?- El chico seguía tembloroso, enterrado en pánico. Debieron pasársele por la cabeza sus peores temores: yo hablando con su madre… la policía llevándole a su casa…  yo llevándole ante la policía y llamando a su madre…

-Fran-. contestó.

-¿Fran qué más?-. continué sonriente.

Vaciló medio segundo antes de contestar y se decidió -No no no, yo mis apellidos no te lo doy-.

-Bien Fran, entonces no te muevas, voy a llamar a la policía para que te lo pregunten ellos- De nuevo con simplemente mencionar a la policía  el resultado fue inmediato.

-García Moreno-. se apresuró a decir aun más inquieto.

– A ver Fran, esto es muy, muy fácil. Primero tranquilízate porque ni yo voy a hacerte nada, ni pienso llamar a la policía… puedes quedarte tranquilo, a fin de cuentas no me has robado, ¿no?, ni me has roto nada, ¿no? Es más, tú no has hecho nada, ¿cierto?- Repuse con cierta mofa.- Entonces no tienes nada por lo que alteralte, te estoy advirtiendo desde ya que no va a pasar absolutamente nada. Solo quiero saber quienes son todos, y que tanto tú como tus colegas me pidais perdón y santas pascuas.

-Perdón…- gimió el muchacho.

-Ahora quiero que me des el nombre de tus amigotes.- le hablé con un toque de seriedad.

-No, no, si yo no sé quienes son, no les conozco- repitió al igual que Dani veinte minutos antes.

Lo había intentado. Pero casualmente era el segundo que decía lo mismo.

-Mira Fran, cuanto antes me digas todo, antes te vas y terminamos este mal trago. Yo ya he hablado con Dani y lo sé todo. Sé quién ha golpeado el cristal y tengo los nombres de todos vosotros; quiero ahora comprobar que Dani coincide con lo que tú vas a decirme y que ninguno de los dos mentís.- Le arrinconé sin escapatoria. -Dime, ¿quién ha golpeado el escaparate? Y ¿Cómo se llaman todos?-.

-Es que no lo sé, de verdad, yo estaba lejos y no lo he visto-. contestó con graves dudas sobre si yo le creería o no. Pero yo tenía una respuesta calculadora mejor preparada.

-Claro que sí Fran, te creo sin duda, te creo cuando dices que no has visto bien quien ha golpeado el cristal porque estuvierais escondidos a cien metros, pero no vas a conseguir convecerme de que cuando os habeis reunido tras la captura de Dani, no habéis comentado la jugada, y ahí amigo mío, en ese momento, obviamente todos os habéis enterado de quién ha sido. Así que de nuevo no tienes escapatoria. No mientas-. Cada palabra debía clavársele en su ser como un estoque fino y afilado pues su respiración cada vez era más entrecortada y en sus ojos comenzaba a asomarse el brillo causado por una futura lágrima.

Fue diciéndome todos los nombres uno a uno, y para mi satisfacción, coincidió con todos los nombrados por Daniel.

-¿Dónde vives?-.

-Que no, eso no te lo digo, ya tienes bastante con “to” lo que te he dicho.- Se aventuró valiente.

-Está bien, no me lo digas, pero Dani sí lo ha hecho ¿eh?, Dani es más amigo mío que tú, ha sido más sincero con todo, y eso le da más puntos. Te recuerdo que la clave aquí está en colaborar hijo.- De repente cambié mi actitud y le exclamé exaltado -¡¿Tú has sido el del cristal?!-.

-No, no, no, no… – sollozó.

-Bien, ¿Quién ha sido?. Dímelo. Sin mentir. No puedes mentir porque yo sé que tú sabes quién ha sido. Y no sólo eso Fran, yo también sé ya quién ha sido, tan sólo te lo pregunto para comprobar que me dices la verdad y puedo confiar en tí-. Le situé de nuevo entre las cuerdas.

El muchacho acusó a los verdaderos causantes (dijo la verdad) y acto seguido preguntó.

-¿Pero qué vas a hacer, llamar a la policía? ¿ehn? Por favor, que ¿vas a llamar a la policía?-. seguía sollozando, ya no podía camuflar la lagrimilla que se le escapaba.

-No, quiero que me des tu teléfono ¿Tienes móvil?-.

-Que no, no – insistió- que el teléfono no te lo doy-.

De repente, se me ocurrió una idea magnífica que en absoluto se podía esperar. Dani  seguía esperando fuera, en la puerta. Y recordé lo que me había dicho de su madre, Rocío, que conocía a todas las madres de sus amigos.

-Mira… Fran, si no me das el teléfono esto lo hablaré con tu madre-. Es como si supiera que volvería a convencerle de hacer lo que le decía porque empezó a sacar el móvil.- Y verás, tú pensarás que no puedo localizar a tu madre, pero da la mala casualidad que yo conozco a Rocío, la madre de Dani, y sé de sobra que Rocío conoce a todas las madres de los amigos de su hijo, así que tú decides, o me das el número, o ya lo consigo yo por mi cuenta.- De nuevo la reacción fue inmediata.

-612312312-.

-Ahora voy a llamarte desde el mío y voy a comprobar que este es tu móvil, ¿vale?.- Saqué el teléfono y me dispuse a marcar. Efectivamente su móvil sonó.

-Venga, bien, ya falta poco, dame el número de tu casa o de tu madre.

De nuevo, como si el niño no supiera decir “sí”, volvió a denegar mi petición.

-Ya con el mío te basta, que no te doy el de mi madre.- En ese momento hice pasar a Daniel a la tienda y le expliqué la situación.

-Dani, aconséjale, ¿Qué crees que debe hacer Fran?-. Esto cada vez me resultaba más excitante. El muchacho habló.

-Dáselo, si no va a pasar nada, de verdad, que ya está tío.- “Buen chico”-pensé.

A Dani le tenía en el bolsillo, seguramente por la conversación que tuve con su madre, y porque sin duda se comportó mucho más sincero y valiente que Fran. Pero Fran aun no confiaba en mí, debía estar pensando que en cualquier momento le traicionaría, llamaría a la policía o contactaría con sus padres, y se le caería el culo. Sin duda era ese el miedo que tenía, se le notaba a leguas.

-Yo te prometo Fran, y te doy mi palabra, que no le voy a contar a tu madre lo que habéis estado haciendo, pero por si algo pasara: cualquier huevo estampado contra mi fachada, una pintada en la baraja, o un cristal roto; necesito tener el número de tu madre. Porque si algo de eso ocurriera yo os acusaré a vosotros dos.-Sonreí con frialdad- Y si insistes en negarme ese dato pues ahora mismo llamo a la policía y serán ellos quienes, llevándote a tu casa en el coche patrulla, le lleven la noticia a tu madre- repuse maquiavélicamente calculador.

El peso de la presión pudo con él y rompió a llorar. El muchacho me dio el fijo de su casa no sin antes advertirme que sus padres no estarían allí.

-Vaya, que casualidad hombre-. Llamé y no contestó nadie, podría ser verdad, sinceramente me daba igual. Fran ya había recibido un castigo más que suficiente con el disgusto que llevaba en el último cuarto de hora.

-Bueno chavales, ahora os voy a pedir un favor, ¡y atended! porque esto no debería ser un favor, sino una advertencia, ¡una exigencia!. No quiero que volvais por aquí sino es para comprar ¿ok? ni si quiera para mirar, solo comprar ¿De acuerdo?. Cómo ya sabeis tengo vuestros teléfonos y si pasa algo, acudiré a vosotros, así que convenced a los demás de que no es buena idea volver por aquí. Sin olvidar -miré a Daniel.- el trato que tú y yo tenemos, a tí espero verte pronto. Pero para los demás, el juego ha terminado, y he ganado yo.

Ambos jóvenes seguían inmóviles, saboreando el momento de salir a la calle perdonados, sin represalias, presentían que ya faltaba poco. Pero yo continué hablando una última cuestión.

-Y os digo más amigos míos, prestad atención porque os adelantaré el futuro. Cuando os reencontreis con el resto de la banda, nuevamente vuestros amigos se lo tomarán a broma, pues no han sufrido lo que habeis sufrido vosotros, e intentarán acercarse; incluso cuando contéis esto en el colegio, historia que por cierto maquillaréis mucho, habrá intrépidos  que quieran pasearse para probar, pero ahí estaréis vosotros para advertir el peligro, para convencerles que no es buena idea, primero porque me lo debeis, segundo porque para entonces- miré a Fran- todavía os durará el susto, y tercero porque tengo vuestros teléfonos y sois los que, si algo ocurriera, pagareis los platos rotos. Así que a vuestros compañeros con la picaresca suficiente para decir “pues yo voy a ir y seguro que no me dice na” hacedles comprender que preferirán no arrepentirse, como os ha pasado a vosotros, que se enfrentan a alguien mucho más listo, y sobretodo, más cabrón. Buenas noches.

Los niños salieron de la tienda. Algo más calmados de lo que entraron, podría haberles humillado un poco y exigirles que pidieran perdón a mis clientes uno por uno. Pero no hacía falta, les duraría el susto unos días, y esa noche, tanto Fran como Dani, dormirían bastante intranquilos pensando en la posibilidad de que al día siguiente pudieran sonar los teléfonos de sus padres.
Yo en cambio, me quedé maliciosamente satisfecho, pero con la conciencia tranquila, aquello sin duda habría sido para ellos mucho más suave que si hubiera llamado a sus padres o a la policía. Pero eso sí, no pude evitar sentirme como un malote durante todo el tiempo, jeje, una experiencia bastante divertida por mi parte, que espero se quede en nada.

FIN

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